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He aquí la vida de un prisionero que ya ha sido condenado sólo por saber más de lo que algunos querrían.

Revista ¡No lo leas! – Número 40

El verano está para las vacaciones… ¡y un jamón!

Escuchando: World End Roar

No, Carmen no se apellida “Goku”… pero casi.

Revista ¡No lo leas!  – Número 39

Sigo teniendo tiempo libre. Espero que se me acabe este miércoles y, aún así, no puedo prometer nada acerca de mis actualizaciones. Al final, siempre es mejor menos que nada, ¿no?

Escuchando: Zero

Todos sabemos cosas que no podemos decir a nadie. Un chaval con percepción sobrehumana que conoce a una gran cantidad de criaturas metaexistenciales no es una excepción. No digamos ya sus amigos y conocidos.

Revista ¡No lo leas! – Número 38

Adoro que todos supongan que estoy desocupado y libre. Tardaré pero, aunque tarde, acabaré. Tarde o temprano…

Escuchando: Dear you ~ Cry

Está demostrado: Adel es un pobre amargado. Por lo tanto, un poco de simpatía, ¿de acuerdo?

Revista ¡No lo leas! – Número 37

¿Sabéis que es una de las cosas que más odio? Que me digan que al tener tiempo libre puedo ocuparme de cosas que los demás no pueden hacer tantas y tantas veces que acaban con todo mi tiempo libre. Ay, madre…

Escuchando: Last Remote

Su presencia, terrible, llenaba esa sala ahora llena de escombros. Su apariencia, empero, era pequeña, casi decir que ridícula para la autoridad que irradiaban esas facciones tan delicadas. Para su víctima esto era una broma extravagante, algo que no debería estar ocurriendo.

Que ella apareciera en su escondite ya era bastante raro. Se había pasado días allí dentro sin dar una sola muestra de vida en el exterior, siguiendo todos los pasos encaminados a cubrir su presencia de un velo de discreción absoluta hasta llevarlo a ser invisible para los ojos de incluso aquella persona que lo estaba buscando.

Que soportara los disparos que le había acertado en medio cuerpo era estúpido. ¿Qué clase de ser vivo era ella, capaz de vivir con más de quince vías de sangre abiertas en todo el cuerpo? ¿Qué es capaz de encajar quince disparos en los pulmones, cabeza y estómago y aún ser capaz de moverse como si acabara de despertarse?

Que arrasara con la sala, la pared y con la misma persona que le había disparado a pesar de sus profundas heridas era un insulto para su perfeccionado entrenamiento, destinado a anular por completo a cualquier clase de enemigo que osara atacarle.

Pero que, tras haber atravesado una pared y recibido golpe tal que las costillas encontraron a sus vértebras, siguiera vivo, eso era una incomprensible broma cruel. Cruel porque sufría e incomprensible porque ella, altiva, le estaba mirando como si, desde el principio, no hubiera deseado acabar con su vida.

–Basta –sus labios negros, marcados por finas líneas rojas, dieron una orden tan corta como sencilla, con una serenidad que no se correspondía con la violencia de sus actos. –¿No vais a dejar a esa alma atormentada descansar de su suplicio?

El hombre que a duras penas era capaz de seguir respirando emitió un sonido agudo que expresaba más dolor que una respuesta a la pregunta de esa dama de piel negra como el azabache. Pero a su atacante no le importó su dolor, sólo seguir con su discurso.

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Si decides ayudar a alguien, ayuda hasta las últimas consecuencias. Adel sabe aplicarse bien este adagio.

___Le_pendu_y_Adel_by_Nethka

Revista ¡No lo leas! – Número 36

Con esto, nueva entrega semanal de la historia de este sujeto amargado pero que cae simpático a gente demasiado rara. Como podéis ver, al fin tenéis los rostros de los dos inseparables protagonistas de esta historia aunque, con el tiempo, veréis al tercero en discordia.

Espero que cuanto haya escrito sea de vuestro agrado y que lo que está por llegar os guste también.

Escuchando: Smoking Roll

Ilustración: Nethka

¿Cuanto tiempo habría pasado desde que me capturaron? No tenía respuesta pero estaba claro que de mi memoria habían desaparecido las colinas, los prados, los árboles, los pájaros y el viento en mi cara; los edificios, las calles, las luces y el bullicio; mi familia, mis allegados, mis amigos… todo. En mis recuerdos ahora sólo era capaz de rememorar los pasillos grises, salas vacías y fríos barrotes que ahora mismo estaba observando. Y que no podría dejar de observar.

Estaba en la cárcel por dios sabrá que razón. Sin juicio, sin sentencia, sin defensa y sin libertad alguna, yo había sido encerrado y abandonado a la soledad en la que ni mis carceleros se atrevían a dirigirme la palabra. ¿Miedo o desprecio? ¿Qué importaba cuando tanto una cosa como otra implicaba un silencio sepulcral?

Sepulcral… sí, esa palabra lo define bien todo: vivo por vivir, a sabiendas que el día siguiente será exactamente igual al actual. Siempre la misma luz mortecina, los mismos barrotes y paredes, el monótono rancho, el eterno silencio en el que estaba sumido. Sabía muchas cosas y la más importante era que eso no iba a cambiar hasta el día de mi muerte. Con todo, yo ya estaba muerto.

Sin embargo, en el mismo instante el que ya consideraba terminar con todo por los medios que hicieran falta, noté un cambio en mi celda: un ruido lejano que nada me recordaba a los pasos silenciosos de mis carceleros o los movimientos ociosos de las ratas. No, era un sonido fuerte y violento, disparos volando en dirección a un objetivo que, sin ninguna duda ¡se estaba acercando!

Escuché gritos, disparos, golpes; violencia en definitiva, ataques contra un objetivo que, contra todo pronóstico, se acercaba a toda velocidad como si ignorara cuanto disparo le era dirigido para que, al final, se presentara ante mí.

–Mis saludos allá tenga –saludó ese ¿hombre? cuyo rostro era la cabeza de un coyote. Una densa capa de pelo cubría todas sus facciones, desde su rostro hasta sus manos quedando el resto cubierto por un elegante traje de color azul. Cuando vio mi rostro aturdido por su extraña presencia, se quitó el sombrero y continuó su discurso mientras, a pocos metros de nosotros, los carceleros peleaban con los barrotes que deberían retenerme a mí y no a ellos. –Percibo en vos un ánimo que llama a la muerte –miré esas fauces con calma que no debería morar en mí. No creía que de esa gran boca hubieran salido tales palabras pero mi mente insistía en que lo que había visto y seguiría viendo era cierto. –He venido hasta aquí para evitar que haga ninguna tontería –en ese instante, la puerta por la que, en teoría, ese extraño sujeto había entrado, cedió a las presiones de mis carceleros y un guarda apareció, arma en mano para descargar todo su arsenal sobre el extraño intruso que seguía hablando conmigo como si ese instrumento de muerte no le causara ningún temor.

daay Continue leyendo »

Hasta en la desesperación tenemos elecciones que hacer.

Revista ¡No lo leas! – Número 35

¿Recordáis que dije que subiría más de mis otras historias? No os mentía. La cuestión es que me está costando más de lo que esperaba. Cosas de que ahora tenga tiempo libre y me digan cuántas cosas puedo hacer por los demás…

Escuchando:  Hartmann’s Youkai Girl Vocal

Nunca, nunca, nunca… jamás de los jamases llegamos a conocer un mínimo a las personas que viven a nuestro alrededor…

Revista ¡No lo leas! – Número 34

Ya falta muy poco para que me vuelva a pelear con el resto de mis historias. Sólo un poco más de paciencia…

Escuchando: Next Season de Unlucky Morpheus

Más allá de las altas hierbas, ¿qué nos encontraremos?

Revista ¡No lo leas! – Número 33

Sólo me queda un examen, sólo uno más y ya podré escribir, publicar y sufrir el resto de mis historias… paciencia, paciencia…

Escuchando: 4th Movement – La biblioteca Voule

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