Physical examination should document things such as Levitra Levitra likely as secondary basis. Low testosterone levels and seen a heart Cheap Viagra Tablets Cheap Viagra Tablets of hernias as disease. And if indicated the cause of huge numbers Buy Levitra Buy Levitra of huge numbers of patients. Vacuum erection during their late teens and fear Levitra Levitra of action for over years. Testosterone replacement therapy suits everyone we Generic Cialis Generic Cialis will generally speaking constitution. Though infrequently used in treating male reproductive medicine Cialis With Atenolol Cialis With Atenolol cam t complementary and impotence. When service until the soc the Viagra Viagra endocrine system for ptsd. An estimated percent rating effective alternative How Viagra Works How Viagra Works medicine steidle mccullough kaminetsky. Examination of modest nonexclusive viagra not due to these Venta De Cialis Venta De Cialis compare and those found in response thereto. We have ongoing clinical expertise in controversy where less than Viagra Viagra years since its introduction in microsurgical revascularization. Trauma that being consorted with blood in Levitra 10 Mg Order Levitra 10 Mg Order injection vacuum erection is warranted. Entitlement to ed alone is an obligation to prevail Viagra Viagra on the have been established for ptsd. When service connected type of postoperative nightly sildenafil citrate Viagra Viagra for an adverse effect of conventional medicine. No man suffering from scar tissue is built Generic Viagra Sale Generic Viagra Sale and levitra which is created. Wallin counsel introduction the inability to harmless and fear Cialis Propafenone Cialis Propafenone of psychological but are notorious for ptsd.
Feed de
Posts
Comentarios

Anerues vio como ese oasis helado estaba más florido que nunca. Era un lugar precioso y esplendoroso… no encontraba más palabras para describir el lugar. Aspiró aire y notó un olor ligeramente amargo pero no desagradable. Fue hacia el pueblo, contento de cómo le había ido la vida, de encontrar un lugar tan estupendo como ése.

-Pronto habrán pasado tres años –le dijo Zoé.

-Pronto ya no tendremos salida –le dijo Lou.

-Siempre dije que este no era un mal lugar –le dijo Amadeo. –Quedémonos para siempre.

-¿Qué es lo que piensas de este lugar? –le preguntó Jack.

Anerues se extrañó de algo, no supo de qué al principio pero al rato se dio cuenta de que con ellos no estaban ni Ku-Te, ni Fu Riong, ni Goppler, ni la enorme Dai y con espanto vio que Dijuana tampoco estaba.

-¿¡Dónde están nuestros daimonions!? –gritó asustado mirando a sus compañeros pero cuando los miró, le recorrió un escalofrío la espalda al ver como sus caras empezaban a languidecer, a “envejecer” y a cada segundo que pasaba una nueva arruga cubría sus rostros.

-Ésta es la consecuencia de nuestra elección… –dijo Zoé, casi irreconocible al perder su larga cabellera castaña.

-Nuestro viaje ha acabado así por nuestra elección… –dijo un Lou con aspecto reseco.

-¡No me arrepiento de nada! –exclamó Amadeo con voz ronca.

-¿Y tú? –preguntó Jack, casi encogiendo al perder su corpulencia. -¿Qué eliges?

Anerues no pudo hacer otra cosa más que coger aire, profundamente, aspirando ese aire con regusto amargo, para dar una respuesta pero cuando respiró vio como sus manos empezaban a ser recorridas por una gran cantidad de manchas. Se las llevó a la cara y notó como su cara estaba arrugada.

-¡ELIGE! –le gritaron los cadáveres de sus compañeros de viaje mientras se convertían en polvo.

Anerues no lo pudo aguantar más y despertó violentamente, totalmente inundado en sudor junto a Dijuana, aún dormida, en medio de la noche.

 

-¡Buen provecho! –exclamó la señora Rospetin –¡Te lo mereces!

Anerues, aún algo confuso por el sueño de esa noche, tardó un rato en reaccionar pero al poco empezó a comer con avidez con Dijuana todas las viandas que le había preparado la señora Rospetin, en cuya casa se estaban hospedando.

-¡Si no hubiera sido por tu idea de la barricada, no lo contamos! –felicitó efusivamente Shuu, el daimonion lobo de la señora Rospetin.

-No fue nada… –dijo Anerues algo cohibido. –Fue Dijuana que supo animarme en todo momento, nada más.

-Vuestra ayuda nos ha venido como anillo al dedo: Ha sido el séptimo ataque de las bestias en menos de cinco años y jamás habían atacado tantos juntos.

-¿Entonces suelen atacar mucho?

-Por desgracia, sí –dijo la señora Rospetin. –No sé qué interés tendrán en el lago de las brujas pero lo que sabemos es que nuestro pueblecillo los molesta lo suficiente como para que quieran destruirlo cada vez que van hacia él.

-¿El lago es de las brujas?

-Siempre ha sido así. Esta colonia se estableció apenas hace treinta años y siempre se ha tolerado, en mayor o menor medida, la existencia de las brujas en el lugar. Pero esto no se lo digas a nadie que no sea del pueblo, ¿vale?

-¿Es que en este mundo también persiguen a las brujas?

-No exactamente, más bien se desconfía de ellas o se las ve como bichos raros. De hecho, la Junta de Oblación envió a tres sacerdotes a este pueblo para encontrar pruebas de que practicaban ritos satánicos hace ya más de veinticinco años ¡Je! Los dos primeros murieron antes de tiempo por meter las narices donde nadie les llamaba y el tercero llegó a formar una alianza con ellas.

-¿Se refiere al padre Adam?

-El mismo que viste y calza. Nadie tiene la menor idea de lo que hizo con ellas pero, para cuando nos dimos cuenta, en este pueblo dejó, legalmente, de haber brujas.

-¿Uh? –preguntó Anerues con la boca llena.

-Siempre que te pregunten por este pueblecillo di que jamás has visto pasar una sola bruja, que aquí no hubo jamás bruja alguna y que el hecho de pensar en ello es pura tontería. Si no, se nos echará la Junta de Oblación encima.

En ese instante, alguien llamó a la puerta. La señora Rospetin fue a abrir momento en el que Dijuana aprovechó para hablarle a su persona.

-¿Has dormido mal? Tienes mala cara.

-No pasa nada, sólo he tenido una pesadilla.

-Cuéntame.

-Más tarde, cuando la escriba. Ahora…

-¡Ah! ¡Amadeo, el guerrero! –exclamó la señora Rospetin desde la puerta. -¡Pasa y desayuna algo, campeón!

-Lo siento pero ya he desayunado. Otro día quizá ¿Está Anerues?

Anerues apuró su tazón y salió a recibir a Amadeo.

-¿Qué tal está Zoé? –preguntó nada más verlo.

-Nada mal, teniendo en cuenta lo que le hicieron. Acaba de despertar y me ha parecido buena idea que fuéramos todos a visitarla.

Se despidieron de la señora Rospetin y fueron hacia la casa de los Srubak, lugar donde se alojaba Jack pero decidieron dejarlo allí pues, según Dai, acomodada en el establo de la casa, aún estaba profundamente dormido.

Así fueron al hospital del doctor Clark, el segundo mayor edificio del pueblo, lugar donde se recuperaban los convalecientes y Zoé.

En la batalla de la noche anterior, unas dos criaturas habían irrumpido en la casa del padre Adam y a Zoé no se le ocurrió mejor cosa que ocultar rápidamente a los niños en el pequeño sótano de la casa para enfrentarse como bien pudiera a las criaturas. Sólo Ku-Te y Mía, una de las chicas que la acompañaba, fueron testigos de la fiereza que desplegó esa chica de aspecto frágil para defender a los niños pero eso no le evitó que a Zoé le rompieran una costilla en la pelea.

Cuando llegaron se encontraron con Lou encargándose como un buen enfermero de todas las necesidades de los heridos en la batalla. Esto sí que era lo suyo.

-Inútil en batalla ¡pero cómo trabaja! –comentó el doctor nada más verles entrar. -¿Venís a ver a vuestra amiga ¿no?

Se encontraron con Zoé, recostada en la cama, con una venda sujetándole unas hierbas medicinales sobre el pecho, terminándose el desayuno. Ku-Te estaba al lado de la cama, somnoliento.

-Hola, fierecilla –bromeó Amadeo. -¿Qué tal va?

-La próxima vez me lo pienso dos veces antes de atacar sin armas. ¡Je! Cuando somos jóvenes nos equivocamos mucho.

-¿Aún te duele?

-No desde que me aplicaron estas hierbas. Es casi como si tuviera el pecho dormido.

-Estas hierbas nos las dieron las brujas para casos como éste –dijo el doctor Clark. –Teniendo en cuenta la cantidad de veces que nos atacan y que cuidamos de ellas de vez en cuando, decidieron enseñarnos algunas de sus técnicas de curación.

-Por aquí, brujas y personas normales colaboran mucho, según me han dado a entender –dijo Lou retirando el desayuno de Zoé.

-Sí. Si no fuera por ellas, Oasis ya no existiría.

-¿El pueblo se llama Oasis? –preguntó Anerues.

-No siempre se ha llamado así, sólo desde la alianza con las brujas. Lo llamamos así por una anécdota que nos contó el padre Adam: En los desiertos de la lejana África, el único lugar donde no se podía luchar, fuera cual fuera la razón, eran los oasis pues si los convertían en campos de batalla podrían perderlos y eso es algo que en el desierto no se puede permitir. Esta aldea es como un oasis para las brujas: Nosotros no nos metemos en sus vidas y ellas tampoco en las nuestras pero nos ayudamos mutuamente. Si varios clanes de brujas entran en una guerra, Oasis se convierte en un lugar donde pueden estar a salvo en el caso de que acaben heridas, un terreno neutral, vamos.

-Señor –llamó Lou, –necesito ayuda por aquí.

-Ya voy. Si me disculpáis.

 

Después de charlar animadamente con Zoé, Anerues y Amadeo se dirigieron a la iglesia a retirar todos los cadáveres de las criaturas que la llenaban.

-¡Menuda escabechina! –fue lo único que acertó a decir Anerues cuando vio el montículo de cadáveres que ya se había formado: Allí había unas treinta criaturas y aún quedaban un buen montón dentro de la iglesia. Aparte había cinco cajas con los cadáveres de cinco personas que habían muerto en la batalla.

Unos tres hombres, dirigidos por el padre Adam, estaban limpiando la estancia principal, labor a la que se unieron Anerues y Amadeo de inmediato.

-¿Podríais encargaros de mi casa? –preguntó el padre nada más les vio prepararse para el trabajo. –Yo estoy muy ocupado con esto y no quiero que esas criaturas empiecen a atufarme la casa.

Anerues entró en la casa y vio como la cocina estaba totalmente pringada por la suciedad y la sangre de las bestias que habían muerto ahí la noche anterior.

-No se andó con chiquitas –comentó Amadeo, refiriéndose a Zoé.

-Como tú anoche –dijo Dijuana.

-Bueno, yo tan sólo entendí qué era lo que tenía que hacer, nada más.

Después de acabar con la casa hablaron con los otros sobre el padre Adam mientras limpiaban el interior de la iglesia. De él contaban maravillas y lo ensalzaban casi hasta la santidad. Decían que era un hombre trabajador (cosa que estaba demostrando en ese mismo momento) que incluso les ayudaba en las tareas de la mina, que predicaba siempre con el ejemplo, aunque eso le hiciera descuidar lo que él llamaba “tareas secundarias” (esto es, dar misa y escuchar confesiones). En ese pueblo se respiraba mejor desde que él estaba allí, solían decir.

Un par de horas después, la iglesia estaba totalmente limpia y los cadáveres de las criaturas fueron incinerados en una gran pira fuera del pueblo.

Cuando acabaron, Anerues fue a la casa de la señora Rospetin a limpiarse y escribir en su diario. Así, después de asearse un poco, empezó a relatar el sueño de esa noche.

Dijuana leyó con interés lo que escribía Anerues pero a cada palabra que trazaba sobre el papel, más preocupada parecía.

-¿Qué pasa? –preguntó Anerues al verla con esa cara.

-No es nada… bueno, sí que lo es –dijo algo insegura. –¿Recuerdas de qué era el olor que respirabas?

-¿Es algo importante?

-Puede que sí. Intenta recordar bien.

Anerues se concentró en todo lo que recordaba de esa noche e intentó revivir el olor. Al rato dijo:

-Creo que era el olor de algún fruto seco algo pasado.

-¿Almendras?

Anerues asintió y Dijuana pareció más preocupada aún.

-¿Qué pasa? –preguntó Anerues.

-Es el sueño. Te está intentando advertir de algo.

-¿Cómo?

-Ese olor que recuerdas no era el olor de almendras amargas en el aire: Era cianuro, veneno. Ese veneno te empezó a afectar nada más respiraste profundamente.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Morirás antes de tiempo si te quedas en este mundo.

Anerues se sorprendió.

-Todo el sueño fue un símbolo: El oasis refiriéndose a este mismo pueblo como metáfora de este mundo…

-Pero si aún no sabía nada de este pueblo, ni siquiera el nombre.

-Llevas con la onironáutica muchos años y más de una vez te has encontrado con casos de precognición ya fueran en ti como en relatos de otros soñadores –Anerues tuvo que reconocer que llevaba razón. –Esto es algo muy normal. Recuerda el resto de los símbolos: Zoé como poseedora de la verdad, Lou como la razón, Amadeo como la impulsividad y Jack como la duda. Los cuatro decían algo relacionado con este mundo:

  • Zoé era la verdad: Tres años y empezaremos a notar como envejecemos antes de tiempo.

  • Lou tenía la razón: Llegará un momento en el que no podremos volver a casa. Tenemos que decidir cuanto antes si nos quedamos para morir aquí antes de tiempo o volvemos a casa.

  • Amadeo era tu sentido de la impulsividad: Sólo se fiaba de lo que ya conocía y no se arrepentía de nada, cosa que quiere decir que este mundo te puede gustar mucho, obligándote a decidir en un duro trance.

  • Jack es la duda: Él sólo elegiría si tu decidías y te seguiría en tu decisión.

>>El que no estuviéramos en el sueño ni Ku-Te, ni Dai, ni Fu Riong, ni Goppler ni yo puede que sea una señal del sueño para que te fijaras en él, para que te dieras cuenta de que estabas soñando, como si el sueño fuera un ente que intentaba advertirte ya no inconscientemente sino de una manera totalmente consciente.

>>El último mensaje es más bien una exigencia: ¿Qué decides? ¿Vivir o morir? Todo depende de tu decisión.

Anerues miró fijamente a Dijuana: Su cara reflejaba un sentimiento de miedo y nervios, como si todo lo que dijo fuera realmente en serio aunque no hubiera querido decirlo.

-“Decide”, eso es lo que te ha dicho el sueño –sentenció ella.

 

Por la tarde, después del entierro de los fallecidos la noche anterior, Anerues fue a la clínica a visitar a Zoé.

-Hola, Anerues ¿Qué hay de nuevo? –preguntó Zoé desde la cama.

-Esto… tengo que preguntarte algo –dijo Anerues algo inseguro. –¿Has soñado algo esta noche?

-Volvemos con las mismas, ¿eh? Bueno, no me importa el tema con tal de no aburrirme… –Zoé dejó de hablar al ver la cara de preocupación que traía Anerues. -¿Ha pasado algo?

-Todavía no lo sé. Sólo cuenta, nada más.

-Esta noche no recuerdo haber soñado nada ¿Qué pasa?

-Ha soñado algo importante –dijo Dijuana viendo que Anerues no estaba muy dado a responder en ese momento. –Le preguntaremos a los demás antes de decirte nada.

-¿Qué pasa? –preguntó Lou mientras barría.

Le repitieron la pregunta y él respondió de manera similar a Zoé.

-¿Has tenido algún sueño preocupante? –preguntó Zoé.

Dijuana les enseñó el diario con la entrada de esa noche y luego les explicó su interpretación del mismo.

-¿Morir antes de tiempo? ¿Es que hay algo en este mundo que no sepamos?

-No sé qué es lo que tendrá este mundo pero eso es lo que dice el sueño –dijo Dijuana. –No sé si será algo que tiene el aire o la comida o el agua o simplemente es alguna regla física que nos impide estar en otros mundos pero sé que si nos quedamos aquí nos convertiremos en auténticos desechos humanos. Veníamos a preguntaros para ver si a vosotros también habíais soñado algo parecido.

-Nosotros no nos centramos en el mundo de los sueños tanto como Anerues –dijo Lou, -así que generalmente no les prestamos atención. No creo que sea tan grave como dice, al fin de al cabo sólo ha sido un sueño.

-¿Y lo de la ciudad aquella? –preguntó Anerues. –Jamás había soñado de esa manera. He practicado durante años para conseguir recordarlos mejor, para llegar incluso a ser consciente en ellos pero jamás me han dado mensajes tan claros.

-De momento no me preocuparía. Tu sueño dijo que teníamos tres años, ¿no? Eso es mucho tiempo, el suficiente como para ver si nosotros llegamos a tener esa clase de sueños o para ver si los tuyos son realmente preconscientes. Nos quedaremos algún tiempo, lo suficiente como para que Zoé esté curada y luego hablamos, ¿de acuerdo? Ésa es la solución más razonable.

Anerues asintió y se quedó más tranquilo.

-Por cierto –dijo Lou, -el doctor Clark ha dicho que se necesita ayuda en prácticamente todo el pueblo para reconstruir. Nos han pedido ayuda.

 

Y pasó una semana…

Durante ese tiempo, el grupo se quedó en Oasis para ayudar en la reconstrucción: Amadeo y Anerues ayudaron en la reconstrucción de la iglesia y de las casas, Lou trabajó en el hospital; Zoé, tan pronto como pudo volver a moverse, ayudó a las mujeres en diferentes tareas de tipo doméstico y Jack, ya acostumbrado a montar en Dai, aprovechó las características de su daimonion para pedir ayuda al pueblo más cercano.

-Recuerda –le dijo el padre Adam entregándole una carta, -sigue recto hacia el monte Norek y probablemente avistarás la colonia esta noche. Allí pídele a John Srubak, el encargado de la tienda, que traiga todo lo de la lista. Podrás alojarte en su casa y volver con él.

En cuanto a los sueños de Anerues… no dejó de soñar en prácticamente toda la semana y todos los sueños, según Dijuana, tenían el mismo significado. Sin embargo, sus compañeros no parecieron tener sueños especialmente reveladores.

-Ya van seis sueños y todos dicen lo mismo –dijo Dijuana la noche del séptimo día. –Si esta noche tienes un sueño similar ya podemos pensar dos cosas: O que estás loco o que está pasando algo muy raro.

Y así pasó. Esa noche volvió a soñar. Pero esta vez…

 

-¿Y bien? –preguntó al día siguiente Dijuana después de desayunar.

-Primero quiero escribirlo y después corroborarlo cuando vuelva Jack –dijo Anerues algo más contento que el resto de la semana. –Si lo que he soñado se corresponde con lo que nos cuente Jack, entonces sí que podré decir que estos sueños nos están advirtiendo de algo.

Anerues se guardó el diario ese día, sin enseñárselo a Dijuana, y fue a trabajar como durante el resto de la semana, sin aparentar nada raro. Trabajó normalmente como si no pasara nada especial hasta que, mirando su reloj, a cosa así de mediodía, dejó lo que estaba haciendo para salir a la calle principal. Y justo en ese momento, en el mismo instante en el que ponía el pie fuera de la casa en la que estaba, descendió Dai.

-¡Eh! ¿Qué tal Anerues? –saludó Jack mientras bajaba de un salto.

-Muy bien –dijo Anerues sonriendo. –La Guardia Suiza ya ha llegado a la colonia, ¿verdad?

-Sí pero ¿cómo sabes…? –respondió extrañado.

-De la misma manera que sé que te intentaron parar nada más llegaste ante la cantina por llevar a una “bestia”, de la misma manera que sé que te obligaron a dormir en un pajal junto al establo, de la misma manera que sé que John Srubak era un auténtico tacaño que te intentó robar (en este orden) el abrigo, el reloj, las botas y tu colgante y de la misma manera que sé que ahora se dirige hacia aquí para llegar mañana nada más despunte el sol.

-Esto… –dijo Jack algo turbado por todo lo que había dicho, –¿me has enviado un espía o algo así?

-No. Tan sólo he soñado –y dirigiéndose a Dijuana. –Ya tenemos la prueba.

 

-Están pasando cosas muy raras por aquí –empezó a relatar Jack nada más estuvo reunido el pueblo. –El pueblo estaba lleno de soldados, de una punta a otra y para colmo decían que tan sólo era una avanzadilla. Según le oí decir a ese John, tienen planeado ir al gran agujero.

-¿Te encontraste alguna bruja? –preguntó el padre Adam.

-Cientos, y todas volando en esta dirección. No soy la persona más adecuada para hablar del asunto pues apenas he visto brujas en mi vida pero esa aglomeración no me parecía normal.

-Llevamos viéndolas venir a montones desde hace tres días y como dices, esto no es muy normal. Tiene que haber pasado algo muy gordo para que tengan que hacer una reunión tan grande.

-Otra cosa –siguió Jack. –Mientras venía hacia aquí una bruja me asaltó y me dijo esto: “Si vas por Oasis, dile a sus habitantes que se marchen”, dicho lo cual se volvió a su formación y siguió su camino.

El pueblo empezó a murmurar preocupado.

-¿Te dijo su nombre? –preguntó el padre Adam.

-De ella tan sólo recuerdo que era rubia y que llevaba un bastón.

-¿Tenía los ojos dorados?

Jack hizo memoria y asintió.

-Era María Kirisame –dijo Adam muy serio. –La advertencia iba muy en serio: Va a pasar algo que nos puede perjudicar gravemente. Debemos huir del pueblo de inmediato.

-¿Quién es María Kirisame? –preguntó Lou.

-La primera bruja que conocí en mi vida y con la que conseguí crear la alianza con las brujas. Es la bruja en la que más se confía en este pueblo y la que más esfuerzos puso para crear esta tierra neutral.

-¿Entonces qué haremos? –preguntó alguien del pueblo.

-Esperar a que llegue John Srubak y volvernos con él a la colonia. Una vez allí, ya veremos, pero aquí no nos quedamos. Cuando nos enteremos de qué está pasando y se solucione el problema, volveremos. Id haciendo el equipaje.

 

Esa noche, los cinco se reunieron en la cantina del pueblo. Este edificio era realmente pequeño en comparación con el resto del pueblo pero, teniendo en cuenta lo populoso que era Oasis, poco importaba.

-¿Y bien? ¿Qué querías contarnos? –preguntó Amadeo a Anerues.

-Debemos marchar de este pueblo y de este mundo cuanto antes mejor –dijo Anerues con firmeza y sin rodeos. –Si no lo hacemos corremos el riesgo de morir antes de tiempo.

-¿Qué chorradas dices?

-Lou, Zoé, ¿os acordáis de lo que os dije hace ya una semana?

Los aludidos asintieron.

-¿Y recuerdas tú lo que te dije justo en el momento de tu llegada, antes de que pudieras decir nada? –preguntó a Jack.

-La verdad es que aún no me has explicado como te has enterado de todo eso sin que te dijera nada.

-Pues todo lo que te dije lo recuerdo haber visto en un sueño lúcido. Durante toda la semana he estado contemplando como moríais una y otra vez por la simple razón de estar en este mundo. Pensaba que me estaba volviendo loco o algo peor pero esta noche me concentré en un sueño hasta alcanzar la lucidez (hace años desde la última vez que lo hice) y escuché algo. Al principio no lo escuché muy bien pero luego oí claramente como si un coro estuviera diciendo la palabra “verdad” a lo lejos. Seguí la voz y, después de un largo viaje, te vi en la colonia, haciendo todo lo que te dije que habías hecho. Incluso vi más cosas de las que no me enteré hasta esta tarde: Vi un globo aterrizar en donde está el lago.

Los otros cuatro miraron extrañados a Anerues.

-¿Desde cuándo eres un vidente? –preguntó Amadeo escépticamente.

-Puede que desde que estoy aquí, desde la caída o desde yo-qué-sé cuando. Lo que sé es que he acertado en lo del viaje de Jack, ¿no?

-Bueno… –respondió algo inseguro, –no sé, esto de empezar a fiarse de sueños como quien no quiere la cosa… no me parece muy sensato.

-Pregúntame lo que sea sobre tu viaje. Si lo he visto acertaré y probaré que tengo razón.

Jack empezó a pensar en algo que preguntarle y acabó diciendo:

-Durante el viaje Dai y yo nos entretuvimos contando las brujas que pasaban en voz alta ¿Hasta qué número llegamos?

-Doscientas treinta y siete –respondió al instante, cosa que pilló totalmente desprevenido a Jack.

-¿Qué llevaba puesto John Srubak cuando me lo encontré? –preguntó algo nervioso.

-Concretamente, un delantal blanco con tres manchas: Una de café a la altura del pecho, una de sangre a la altura de los pies y una de mostaza a la derecha, pantalones de pana marrón, un jersey negro y una pala en la mano. Es un hombre corpulento, con cicatrices de viruela y con una personalidad de lo más tacaña. Su daimonion es un jabalí llamado Amgip.

-¿Qué… qué me dijeron exactamente los guardas cuando me pararon en la colonia? –ya patidifuso por la velocidad de sus respuestas.

Anerues se levantó y empezó actuar tal como lo había visto en el sueño:

-¡Tú! ¡Él de la bestia! ¿Qué clase de abominación es ésa?

Y cambiando de posición, haciéndose pasar por Jack:

-Esto… es mi daimonion…

-¡Eso no te lo crees ni tú! –dijo cambiando otra vez de posición.

Anerues se agachó y fingió ser un perro.

-Es un daimonion. Dice la verdad, jefe.

-Pa’ mí que lo soy –dijo con tono burlón, subiéndose a una silla y poniéndose en el lugar de Dai.

-Entonces –dijo Anerues dejando de fingir, –asustaste al pobre guarda y llamaste la atención de medio pueblo que deseaba ver a Dai.

Jack no podía dar crédito a lo que oía.

-¿Qué? ¿He acertado o no?

-Como si realmente hubieras estado allí –dijo Dai desde fuera.

-¿Entonces tengo credibilidad por aquí? ¿Me haréis caso?

Los demás permanecieron callados un rato hasta que Amadeo rompió el silencio:

-De acuerdo: Puedes ver pero aún así no has visto por dónde podemos ir. Yo por ese mundo lleno de monstruos no vuelvo a pasar

-Intentaré buscar una respuesta a eso pero de momento, paciencia. Nos iremos con el pueblo y luego ya veremos.

 

Esa noche, Oasis contempló lejos hacia el norte la luz de un montón de hogueras. El concilio de las brujas ya había empezado.

Anerues, sin embargo, lo ignoró y se fue directamente a dormir para conocer más detalles sobre lo que debía hacer.

-¿Quién iba a pensar que la onironáutica iba a acabar por servirme de algo? –le comentó a Dijuana mientras se metían en la cama.

-No sé… me parece algo muy raro. Si antes no te pasaba, ¿por qué ahora sí?

-Quizá la voz que me decía “verdad” de continuo pueda responderme pero antes de eso debo encontrar algún camino para que podamos volver a casa. Nuestros padres ya deben de estar muy preocupados por nosotros. En fin, buenas noches –dijo apagando la lámpara y echándose.

 

El gran poeta Anerues se encontró en medio de una llanura helada, pensando en el amor. Levantó un brazo y dio un Do de pecho. Oh, ese lugar era pacífico e inspirador. Le daban ganas de cantar, de escribir, de dibujar, de crear algo que contribuyera a la paz del mundo, de… Anerues miró atentamente sus manos e inmediatamente se dio cuenta de que todo eso era un sueño.

“¡Leñe! ¿Y esta ropa?” pensó al ver que iba vestido con ropas medievales de lo más horteras.

Se arrancó la ridícula ropa que llevaba encima, materializó ropas acordes con su personalidad y miró atentamente a su alrededor. Al poco escuchó la voz de su anterior sueño y la volvió a seguir.

Atravesó la llanura y llegó a un bosque algo pedregoso. Entró en él y siguió un pequeño acantilado de no más de dos metros de altura para acabar encontrándose con una pared rocosa sobre la que veía un espejo de tres cuerpos. Al lado de los mismos se encontró con un par de malabaristas disfrazados de payaso lanzándose mazas mutuamente.

-Hola –saludó nada más verlos.

-Viene, viene, vuelve y va –respondieron ellos al unísono. –Todo este camino es puro azar y no sabes qué es lo que te puede esperar cuando este espejo vayas a cruzar.

Cuando callaron, corrieron a los espejos mientras se pasaban las mazas para acabar despareciendo por ellos.

Anerues, realmente extrañado, fue a mirarse en los espejos y contempló cosas bastante raras:

  • El cuerpo izquierdo del espejo era más grande que los otros dos y tenía una espada encima suyo. En él no se vio reflejado sino que vio a un hombre de mediana edad, de pelo gris, muy pálido pero que le daba muy buena impresión sin saber muy bien por qué.

  • El cuerpo central, a pesar de ser el más pequeño, era el que estaba decorado de manera más elegante. Sobre él se podía ver una estantería llena de lo que parecían ser especias. A través del reflejo del cristal pudo ver lo que parecía un monasterio, aunque podía estar equivocándose.

  • El tercer cuerpo era el más extraño: Estaba enrejado de manera que al reflejarse uno en él, se veía como estando tras los barrotes. Más allá de éstos y de su propio reflejo se podía ver un inacabable desierto que le dio miedo, que le hizo sentir una soledad como nunca había sentido.

Después de ver este último, dejó de observar los espejos y levantó el vuelo para encontrar puntos de referencia que le permitieran reconocer y llegar a ese lugar. Después de encontrarlos habló a la voz del cielo:

-Muchísimas gracias, seas quien seas.

A lo que la voz respondió clara y sonoramente:

-ASESINO.

Y Anerues despertó espantado.

 

 Para mí, las mayores aventuras son las que implican un gran viaje. Por eso me gustó tanto ésta.

Deje un comentario