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¿Quién pensaría que dos niñas marcaran el final del mundo?

¿Quién osaría pensar que dos pequeñas serían las culpables de la destrucción y renacimiento de su mundo?

Malditos aquellos los que las maldijeron.

No hicieron más que acelerar la desgracia de su mundo…

 

Sólo fue salir del aula preguntándose dónde diantre se andaría Neerida y Yomi escuchó el trabucazo típico de sus hechizos de fuego.

“¡Ya me parecía a mí extraño que estuviera indispuesta!” se gritó el chaval lanzándose a la carrera para detener el combate cuanto antes mejor.

No le preocupaba su suerte, al fin de al cabo, Neeri era la mejor no sólo de su clase sino prácticamente la mejor estudiante de magia de toda la historia de “El custodio”… sencillamente, se sentía en la obligación de indicarle que meterse en peleas cada dos por tres sólo le reportaría mala fama y que los demás se distanciaran de ella.

No tardó en llegar al lugar del duelo pero, por desgracia, la visión ya estaba completamente taponada por un muro humano tal, que nada podía ver a través de él. Trató de rodearlo, de saltar para ver mejor pero, entre el tumulto exaltado por los juegos de luces de los hechizos de fuego por un lado y los armoniosos movimientos de viento de los de su oponente, nada logró ver.

Yomi, por suerte, tampoco estaba muy atrás con respecto a Neeri. No sería ni el mejor de su clase pero jamás fue calificado como mal mago para su nivel: Junto las manos, concentró su mente, fijó su atención en una de las columnas del patio en el que se celebraba el duelo y musitó:

“Aracni signum” y el hechizo se realizó automáticamente en sus manos, sobre cuyas palmas se dibujaron dos estrellas de ocho puntas.

Con esta ayuda fue capaz de escalar la columna que se encontraba ante sí y por fin pudo vislumbrar el combate desde una posición privilegiada… mas, cuando vio al contendiente de su buena amiga por poco no se cayó del susto: ¡Lord Kasser! ¡El mismísimo padre de Yomi estaba combatiendo tenazmente los brutales, aunque aparentemente simplistas, ataques de su descarada alumna!

El patio era muy grande. Siempre había sido así para dejar sitio a prácticas de magias grandes de cursos superiores que necesitaban de gran espacio para su realización pero… ¡Neeri se había encargado de convertir tan basto espacio en una pista de hielo! ¡Eso no parecía estar al nivel de una estudiante de tercer curso!

Yomi sabía que su padre no podría haber sido el artífice de tan potente hechizo pues, aunque hechicero de primerísima fila, seguía siendo un hombre un tanto envejecido y el paso de los años no había mejorado su equilibrio y menos sobre tan inestable superficie (vamos, que no sería tan tonto como para complicarse las cosas de esta manera).

El chico vio como su padre se las ingeniaba para mantenerse de pie entre los armoniosos y preciosistas ataques de Neeri que sin compasión le dirigía a su oponente. Lord Kasser había invocado a un pequeño silfo que con su poder sobre el viento desviaba los ataques de fuego de Neeri pero, al ser sus llamas tantas que no podía ni pensar en devolverle sus ataques…

Pasó un minuto desde que Yomi subiera allá arriba… en el fondo sabía que debía tratar de parar el combate pero sabía también que si lo hacía, su padre se enfurecería de que su hijo estuviera del lado de esa hija de “espadachín morlaco” y ella no le perdonaría que le quitara el placer de estar al nivel de uno de sus mejores maestros.

Neeri, joven y vivaz, no sólo combatía sobre el hielo del patio, bailaba al son de las explosiones de fuego y hielo que lanzaba a dos manos mientras se deslizaba alegremente con movimientos confusos que impedían que Lord Kasser pudiera fijar el objetivo de sus hechizos. Costaba creer que uno de los más poderosos profesores, antaño Archimago del reino, sólo pudiera defenderse ante la rápida ráfaga de ataques simples de su alumna.

Aunque rápida… tal vez esa no fuera la palabra a usar. Era la centelleante, brutal, salvaje, acelerada y extendida de dos hechizos básicos: Los Fuegos de Azufre y los Fuegos de Mercurio. El primero de estos hechizos era un hechizo de fuego simplista que se parecía más a un petardo que a algo serio… claro que ella los lanzaba con tanta brutalidad que una sola de esas explosiones llenaba casi todo el patio como si fuera una auténtica granada mágica militar. Y el segundo, vendría a ser lo mismo sólo que en su versión de hielo… Neeri se había aprovechado de que esa mañana había llovido para convertir el suelo de piedra en una pista de patinaje improvisada.

Yomi no era capaz de escuchar lo que decían pero se notaba que la bailarina Neeri se divertía de lo lindo mientras que Kasser mantenía cara impasible mientras trataba de asentarse en el suelo al tiempo que el pequeño silfo se esmeraba en defender a su invocador. Y, justo cuando parecía que por fin Lord Kasser parecía tener un buen lugar donde apoyarse sin problemas, Neeri alzó los brazos y creó una bola de Fuego de Mercurio de enorme tamaño con sus dos manos la cual lanzó con fuerza contra el suelo generando una nube de escarcha tal que nada se pudo ver durante un buen rato en medio de ese patio.

No se podía percibir a ninguno de los dos contendientes pues ambos estaban dentro de la nube pero Yomi sabía que ninguno de los dos se atrevería a atacar sin tener a su objetivo a la vista. Mas, cuando se disolvió la enorme nube, vio con terror que se había equivocado: Neeri no había creado esa nube porque sí sino para atrapar las piernas inmóviles de su maestro con su hechizo de hielo para así darle tiempo a preparar su hechizo definitivo: El Cañón Mágico “marca de la casa” de Neeri…

Hasta el último petate de la escuela había oído hablar de tan fuerte derroche de energía en un solo movimiento que esa chica había logrado “inventar”… no era más que lanzar un ataque mágico no elemental, un brutal chorro de energía en una sola dirección poderosísimo incluso contra el escudo celeste más resistente… otra manera de decir que era un ataque de “fuerza bruta”. Hasta el silfo parecía asustado ante el leve fulgor que su cuerpo desprendía y que se acrecentaba al reflejarse en la superficie espejada del hielo. Y Yomi, conocedor de los bastos conocimientos acerca de las características básicas de la magia que tenía Neeri, sabía que ella sabía que su padre no podría defenderse ante tan concentrado ataque… de hecho, Yomi SABÍA que la escuela no iba a quedar indemne tras semejante descarga.

Kasser, lejos de querer aparentar estar impresionado, ni siquiera trató de sacar sus pies del hielo que le había atrapado y sencillamente comenzó a recitar su hechizo acompañado de simples movimientos de manos. Yomi supo reconocer sus ademanes: Era una Espiral de Ailós, un hechizo defensivo simple de elemento aire… ¿pretendía ganar a Neeri con sus mismas armas? Eso aparentaba… al fin de al cabo, no podía consentir que ningún alumno, ni siquiera la más talentosa de todos, le humillara de esa manera. Sería una auténtica afrenta a su posición.

En el momento en el que el hombre acabó su hechizo sonrió confiado y dejó a Neeri seguir cargando su descarga final. El cuerpo de Neeri refulgía con tanta fuerza que costaba distinguir nada en medio de ese patio, apenas la sombra de Lord Kasser. Y, pasados unos diez segundos desde que empezara a brillar, Neeri adelantó sus brazos para proyectar su energía al frente.

Pero no disparó.

Todo quedó en montón de luz, pero no disparó.

El patio, tan alborozado hacía un instante, enmudeció de repente. Allí estaba Neeri, con los brazos adelantados y brillando ligeramente aún. Pero no hizo nada… ¿se habría arrepentido de sus actos? ¿Habría desistido de atacar a Kasser? ¿Le bastaba haber dejado bien clara su posición?

-Tienes que ser realmente estúpido si piensas que voy a acabar de una manera tan simple –se escuchó decir desde algún punto del área de combate.

Todo el mundo trató de ver de dónde venía la voz porque no era desde el cuerpo inmóvil de Neeri que seguía con las manos adelantadas…

Pero Yomi ya se había percatado de la gran jugada de Neeri. Gracias a su elevada posición, pudo ver un detalle que a casi todo el mundo se le había pasado inadvertido: Ese cuerpo no tenía reflejo. Era otro hechizo básico, un simple “Hehenonohemo”, un monigote que estaba haciéndose pasar por Neeri…

Para cuando Lord Kasser se dio cuenta ya era demasiado tarde: El auténtico reflejo de Neeri estaba debajo suyo y éste ya había lanzado su hechizo. Un muro de agua no tardó en cernirse sobre el anonadado maestro que no tuvo más remedio que encogerse ante la potencia brutal del Maëlstrom que le cayó encima. El remolino fue tan fuerte que su cuerpo se vio arrancado del hielo y fue lanzado bien lejos de su posición.

-¡Y ale hop! –exclamó alegremente el reflejo saliendo de su posición invertida atravesando el hielo para volver a Azabalón. –¡Combate ganado, jefe!

-¿Ganado desde cuando? –preguntó el silfo invocado por Kasser.

Neeri no pudo hacer otra cosa más que estremecerse de terror tras escuchar esa voz a su espalda. Todo el mundo, extrañado, miró el cuerpo caído y todos pudieron verlo: ¡Era otro Hehenonohemo!

-Mira tú que obligarme a usar esta clase de tácticas… –dijo el silfo al tiempo que comenzaba a aumentar de tamaño hasta alcanzar la forma de Kasser. –Lo estudiaste en primer curso, ¿no? Si haces una invocación, trata de no realizar un hechizo de su mismo elemento o sino tu invocación absorberá tu energía sin importar si es benigno para ti.

-¿Aprovechaste para…? –preguntó la chica incrédula.

-Aproveché para transmitir todo mi ser al silfo –declaró Kasser sin reflejar ninguna emoción en su cara.

-Esto… –Neeri, pillada por tan bajo golpe, estaba a merced de su maestro que no sólo le había pillado por la espalda sino que además le había dejado en blanco y sin ningún hechizo preparado. Por muy rápido que reaccionara, ahora Kasser llevaba ventaja e iniciativa.

-Pero en fin, has ganado… –suspiró su oponente ganándose la incrédula mirada de su joven oponente. –Nadie, ni siquiera los más grandes de esta escuela, habían logrado alcanzarme tanto en técnica como en estrategia en años… te felicito, Neerida Fânali: Has ganado este combate.

“Digno de ese par de cabezas cuadradas…” se dijo Yomi con las cejas enarcadas. “Una que pelea a lo loco y otro que sería incapaz de reconocer que han estado a punto de humillarle…” Yomi sabía que de no haber usado ese truquito, el combate se habría alargado y muy probablemente ninguno de los dos habría salido indemne. Había que reconocer, al menos, que el padre de Yomi era un hombre de carácter conciliador: Siempre trataría de encontrar la manera de solucionar las diferencias sin llegar demasiado lejos.

Yomi, mientras todos los demás celebraban alborozados tan espectacular, pero a la vez, sofisticado combate, preparó un hechizo de levitación y planeó por encima del público hasta llegar a la pareja que trataba de acercarse a terreno más estable.

-Buenas, Yomi –saludó alegremente Neeri.

-Buenas, “señorita indispuesta” –sus cejas indicaban claramente lo que pensaba. –¡Pero serás idiota! ¿¡A quién se le ocurre retar a mi padre!? ¿¡Es que no sabes de lo que era capaz de hacer en su juventud!?

-¡Oh! Qué años esos… –declamó Lord Kasser tratando de ocultar sus nervios tras una máscara de gran orgullo.

-Tranquilo, chico –dijo Neeri con su típico desparpajo. –Sabes perfectamente que no hago mis locuras porque sí.

-¡Tú lo has dicho! –gritó el chico. –¡Locuras! ¡Eso es lo que haces! ¡Estás loca de remate! –y añadió por lo bajo, algo más comedido: –¿Es que quieres que todo el mundo se entere de… “eso”?

-Tampoco creo yo que fuera a darme ahora mismo –musitó sin atisbo de miedo alguno. –¡Muy bien, jefe! –exclamó a Kasser. –¿Ya que he ganado podré…?

-Podrás limpiar la que has montado en el patio –interrumpió el maestro. Neeri enarcó la cejas dispuesta a replicar pero Kasser se adelantó: –“Quien rompe, paga”, ¿no? Tú tendrás lo que querías… pero no vamos a dejar que el pobre Plumb cargue, como siempre, con las consecuencias de tus tonterías. Hay clase dentro de siete minutos en este patio así que, ale, desmonta la que has montado –Lord Kasser ni se dignó a darse la vuelta pero Yomi ya sabía que expresión ocultaba tras su aparente frialdad: Se estaba partiendo de risa.

“Pedazo de sádico…” se dijo Yomi sonriente. –¿Necesitas ayuda? –preguntó él obsequioso.

-Para nada –respondió ella calentando el brazo como si lo ordenado por su maestro no fuera nada. Antes de que Yomi pudiera decir nada, ya había lanzado otro hechizo: Un Fuego de Sal. El patio acabó completamente cubierto por esa explosión de sal en menos de medio segundo. –Ale, arreglado. ¿Comemos algo?

Yomi no respondió… ¿para qué? Neeri siempre tenía alguna respuesta preparada (y si alguien se atrevía a replicarle cuando estaba de mala leche, más le valía preparar una dentadura nueva…) así que, sencillamente, la siguió para llenar la panza.

 

Un pequeño fragmento de lo que fue otra idea de mi compañero en la sombra (que, por voluntad propia, sigue en la sombra). Neerida siempre ha sido un personaje respetado por el chaval y traté de reflejarla lo más fielmente posible… lo que no recuerdo es por qué no seguimos con el proyecto este..

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