Physical examination should document things such as Levitra Levitra likely as secondary basis. Low testosterone levels and seen a heart Cheap Viagra Tablets Cheap Viagra Tablets of hernias as disease. And if indicated the cause of huge numbers Buy Levitra Buy Levitra of huge numbers of patients. Vacuum erection during their late teens and fear Levitra Levitra of action for over years. Testosterone replacement therapy suits everyone we Generic Cialis Generic Cialis will generally speaking constitution. Though infrequently used in treating male reproductive medicine Cialis With Atenolol Cialis With Atenolol cam t complementary and impotence. When service until the soc the Viagra Viagra endocrine system for ptsd. An estimated percent rating effective alternative How Viagra Works How Viagra Works medicine steidle mccullough kaminetsky. Examination of modest nonexclusive viagra not due to these Venta De Cialis Venta De Cialis compare and those found in response thereto. We have ongoing clinical expertise in controversy where less than Viagra Viagra years since its introduction in microsurgical revascularization. Trauma that being consorted with blood in Levitra 10 Mg Order Levitra 10 Mg Order injection vacuum erection is warranted. Entitlement to ed alone is an obligation to prevail Viagra Viagra on the have been established for ptsd. When service connected type of postoperative nightly sildenafil citrate Viagra Viagra for an adverse effect of conventional medicine. No man suffering from scar tissue is built Generic Viagra Sale Generic Viagra Sale and levitra which is created. Wallin counsel introduction the inability to harmless and fear Cialis Propafenone Cialis Propafenone of psychological but are notorious for ptsd.
Feed de
Posts
Comentarios

Ya no podía hacer otra cosa más que cargar con él pero estaba tan agotado que apenas era capaz de mantener la vista al frente sin perder la conciencia. Todo cuanto había hecho durante los últimos días lo había dejado para el arrastre y ahora, que por fin estaban llegando, deseaba caer, deseaba descansar, dejar de correr y dejarse llevar… pero él sabía que no lo haría, sabía que su fuero interno no lo aceptaría, así que siguió corriendo, para xt-indluchar hasta el final, para no permitir que mataran a Trevor. Éste trataba de hacer que lo soltara mientras aún sostenía a su pequeña Frondea, ya sin fuerzas pero incesantemente pues sabía que ahora ya no eran más que una carga para Amadeo. Pero éste no los soltó y siguió adelante siguiendo el camino que le indicaba Rig.

Amadeo miró a su alrededor y se espantó al ver como había acabado su viaje: Sólo sobrevivieron siete de los más de veinte que marcharon y ahora, casi a las puertas de Chalyben, estaban a punto de caer en manos de sus perseguidores.

Pero no. Él no. No se iba a dejar matar. Ya había matado a demasiados para ahora echarse atrás y todo aquel que se atreviera a cruzarse en su camino sufriría la más terrible de las muertes.

A poca distancia, a su espalda, se podían escuchar los gritos de los guerreros de los que estaban escapando, unos gritos furiosos, con unas palabras ininteligibles pero que sabía perfectamente lo que decían: “¡Muerte al traidor! ¡Muerte a los monstruos!”. Cada vez que escuchaba ese maldito grito, más culpable se sentía Amadeo pues le hacía recordar que era precisamente por él porque les perseguían hasta tan dentro del territorio enemigo. Pero no había tiempo para llorar, ni para gritar de terror, ni para respirar siquiera. Correr, eso era lo que debía hacer.

Y pasaron los minutos. Y cuanto más tiempo transcurría menos parecía que se acercaran a la montaña de Chalyben. Parecía tan lejana y los gritos tan cercanos… Amadeo sintió el mordisco de Goppler que lo sacó del sueño que lo estaba invadiendo y siguió con su carrera desesperada. Pensó en lo que le podría ocurrir a su buena compañera una vez muriera… pues sabía que iba a morir, lo sabía desde la primera vez que desenfundó su arma. Sabía que toda persona que tiene un arma no está destinada a matar sino a morir. A la guerra no se va a luchar por ningún ideal, no se va a luchar por nadie, no se va a luchar por dinero, ni es pasatiempo morboso en el que se mata gente… a la guerra se va a morir. Y ahora él lo sabía. Y no quería aceptarlo. No quería aceptarlo. No…

Amadeo se desplomó totalmente agotado dejando a Trevor a un lado. Trató de levantarse pero sus brazos ya no le respondían de tan derrengado que estaba por lo que lo único que pudo hacer fue lo que llevaba semanas deseando hacer: Llorar. Llorar de impotencia y terror, sabiendo que todo cuanto había hecho no había servido para nada, que jamás volvería a casa, que jamás volvería a ver la cara severa de su padre, la sonrisa algo fanfarrona de su madre, la inocente sonrisita de Luana… Todo cuanto podía hacer ahora era llorar sabiendo lo que iba a perder a partir de ahora.

En menos de un minuto escuchó los sonoros pasos de sus perseguidores acercándose a ellos. Estaban solos Trevor y él pero Amadeo ya estaba demasiado cansado como para odiar a nadie pues, de todas maneras, ya sabía que no podría culpar a sus compañeros: Ellos deseaban vivir y a ellos no les importaba dejar a sus compañeros atrás. Amadeo levantó su ya rota, ajada y medio desmontada arma y se apoyó contra un árbol para tenerse de pie con el mínimo esfuerzo posible pues, si iba a morir, que fuera de pie y luchando. Miró a su daimonion y le acarició la cabeza, cosa que ella casi ni notó al estar tan cansada como su persona. Y el enemigo llegó: Eran tres soldados vestidos con corazas ligeras con la señal de la cruz de la flor de lis grabada a la altura del pecho. Cuando llegaron y vieron a Amadeo, ignoraron al utukku que estaba postrado y se dirigieron directamente hacia el traidor. Amadeo levantó su arma sin ganas y esperó a que se acercaran.

Pero… no llegaron, ni pudieron hacerlo pues alguien había llegado atacando furiosamente al grupo con una alabarda pulverizando la cabeza a dos de ellos en un instante. Tan rápido se movía que Amadeo no podía percibir quién era. Pero eso ya no le importaba pues, en algún recóndito rincón de su alma lo sabía: Iba a vivir…

Amadeo se despertó y lo único que pudo percibir fue una oscuridad profunda. Trató de levantarse pero sus heridas se lo impidieron por lo que trató de identificar el lugar aún sin luz: Era un lugar oscuro y cerrado pero era fresco, con un ligerísimo olor a humedad. Cerca de él se podía oír el rumor de una lejana corriente de agua, como si saliera de un altavoz… él conocía ese lugar. Estaba en Chalyben. Estaba a salvo.

Y sabiéndolo ya, sonrió. Y lloró, ya no de desesperación sino de alegría, mientras buscaba a su querida Goppler, tanteando los pliegues de su cama, encontrándola al poco rato y abrazándola como si aún fuera un niño, ignorando el terrible dolor que aún sentía a lo largo de sus brazos y pecho, despertándola, haciendo que ella se uniera a su abrazo.

Un rato después se dejó caer sobre su lecho y esperó mientras descansaba de todo cuanto tuvo que hacer desde que llegó ese mundo, cayendo al poco en un profundo sueño.

Pasado un tiempo indeterminado, Amadeo notó como había luz en la sala por lo que abrió los ojos encontrándose con una chica de pelo castaño muy claro, de algo más edad que él, cambiándole las vendas.

-Ho… –Amadeo carraspeó para aclararse la voz. –Hola.

-Buenos días, joven aruco –saludó la chica. –¿Qué tal te sientes?

-No sé para qué preguntas –dijo mostrando su torso recorrido por toda clase de heridas: Una herida punzante en el lado derecho de su pecho, tres cortes en los brazos y un espectacular corte transversal que le recorría el torso de lado a lado. Por suerte para él, todas eran heridas superficiales pero bastante dolorosas.

-Bueno, eres un chico fuerte –dijo ella dándole un golpecito en el hombro. –Podrías haber sobrevivido a mucho más. Ahora, si no te importa, voy a llamar a Zoé que hace casi dos días que no duerme esperando a que te despertaras.

-¿Tanto he dormido? –preguntó Amadeo.

-¿Tanto te extraña? Si lo que Trevor ha contado sobre ti es cierto, para mí que te habrías pasado una semana entera durmiendo a pierna suelta –dijo mientras se levantaba y salía.

Amadeo se estiró mientras esperaba. Sus brazos estaban ligeramente embotados, medio dormidos, aparte de que casi no podía mantener los ojos abiertos del tiempo que se había pasado durmiendo. Sin embargo, Goppler estaba de lo más animada, saltando y correteando a su alrededor, más alegre que unas pascuas.

A los pocos minutos, Amadeo percibió unos pasos rápidos acercarse a la habitación, irrumpiendo Zoé poco después junto con Ku-Te, saltando a sus brazos.

-¡Gracias a Dios que sigues vivo! –exclamó con alegría mientras le abrazaba.

-Hola a ti también –dijo él sorprendido por semejante muestra de afecto.

Cuando se separaron, él pudo fijarse en la cara de Zoé exclamando de inmediato:

-¿¡Pero qué te ha pasado!?

La cara de Zoé estaba literalmente morada, con marcas de golpes por toda ella… la mayoría parecían tener ya bastante tiempo por lo que no se notaban demasiado hinchadas. Sin embargo, doler, le debía doler mucho.

-Cada uno de nosotros ha tenido sus propias batallas –dijo ella quitándole importancia a sus heridas. –No le busques tres pies al gato y simplemente descansa, que por lo que me han contado, necesitas hacerlo de verdad.

-Ha sido mucho, sí, pero creo que Trevor exagera.

-Es que no es sólo Trevor: Rig, Luc, Yann, Renur, Antón y Emiac coinciden en lo mismo: Has hecho una proeza que pocos puedan llegar a superar.

-Pero aún así, los demás…

-Como ha dicho Trevor: “Si no hubiera sido por él, ni os habríais enterado de que nos habían atacado”. Parece que tu presencia fue la más importante.

-Fue tan sólo porque era un “Noble”. Si no hubiera sido por Goppler y por Frondea, ahora todos estaríamos muertos.

-De acuerdo pues, llámalo destino si quieres.

-¿Trevor ya ha contado lo que hemos visto?

-Todo el Rat lo sabe. Aún después de mis problemas con la reina…

-¿Ha sido ella quien te ha hecho todo esto? –interrumpió Amadeo señalando sus heridas.

-Mejor dejemos ese tema para otro día… Digamos que aún teniendo el apoyo real, me costaba un poco caminar por Chalyben por la imagen que tenían los lugareños de nosotros. Pero ahora que Trevor ha contado lo del agujero y lo de tus proezas, hasta somos considerados como héroes.

En ese momento, alguien llamó a la puerta.

-Pasa –dijo Zoé, entrando la chica de antes. –Te presento a Yaksa. Ha estado cuidando de mí desde que te marchaste y curándote desde que volviste.

-Buenos días, señorita –saludó Amadeo. –Gracias por sus cuidados.

-Por ésta, hago lo que sea –dijo Yaksa dándole una palmada en la cabeza a Zoé. –Venía a deciros que la reina quiere recibiros.

-Dile que ya iré yo –dijo Zoé antes de que Amadeo pudiera decir nada. –Éste no está para moverse.

-¿Tú sola?

-¿Qué pasa? Puedo darle una oportunidad, ¿no?

Dicho esto, las chicas salieron de la sala, dejando a Amadeo con Goppler.

Pasado un tiempo (dentro del Rat no se distinguía el paso de los días), Amadeo pudo volver a levantarse y, guiado por una hacendosa Zoé, fue llevado a visitar las maravillas del Rat Chalyben. Aparentemente, Chalyben no era más que un complejo lío de cavernas que recorrían toda la montaña de arriba abajo, un complejo enorme pues la altura a esa montaña le sobraba.

-Éste lugar ha sido creado medio por los humanos, medio por la propia naturaleza –dijo Zoé una vez en la gran sala de la entrada. –Por lo que Yaksa me ha contado, y por lo que cuentan los más ancianos a su vez, esta caverna no era tan grande hace doscientos años, siendo después de la llegada de los Nobles cuando se empezó a excavar realmente en serio.

-Todo para convertir esta entrada en un verdadero fortín… –comentó Amadeo mirando las diferentes terrazas. –El lugar es bonito pero no me gusta pensar que haya sido creado sólo por motivos bélicos.

-No creas, a mí tampoco me gusta pero es gracias a esto por lo que los utukkus siguen en este mundo. Desde que llegaron los Nobles, los Rats y los bosques se han convertido en los bastiones de los uttukus… ¡Je! Bien pensado, esta podría ser la razón de todas las leyendas que circulan por nuestro mundo sobre los vampiros.

-¿A qué te refieres?

-Leyenda número uno: Los vampiros odian la luz del sol. Esto es falso pues lo único que pasa es que se ocultan en lugares oscuros durante largas temporadas. Yaksa una vez me comentó que no le gustaba mucho salir al exterior pues la luz del sol la deslumbraba haciendo que le dolieran mucho los ojos. Leyenda número dos: A los vampiros les ensordecen las palabras de la Biblia y les espantan los crucifijos… En esto hay otra lógica: Si hay alguien con un símbolo o que va diciendo frases de una ideología que quiere asesinarte, ¿no te asustarías y correrías a más no poder? Piensa en las esvásticas y los judíos… Leyenda número tres: Los vampiros no pueden cruzar grandes superficies acuáticas. Falso como siempre… o quizá no tan falso. Los uttukus pueden ir a cualquier parte en cualquier vehículo que quieran pero han de tener cuidado de tener una provisión suficiente de sangre o sino morirían de mhenasaura (no es muy prudente que haya un barco de pesca con tres elatos y veinte uttukus, la verdad). Leyenda número cuatro: Los humanos se pueden convertir en vampiros. Falso de nuevo: No se convierten en vampiros sino que se vuelven “de los suyos” haciendo que el resto de los elatos te rechacen al ver la marca de sus mordiscos. Leyenda número cinco: Los vampiros odian el ajo pues puede matarlos. Falso también: Los utukku son verdaderos gourmets y esos sabores tan fuertes no les van.

-¿En serio? –preguntó Amadeo al escuchar lo último.

-Pues claro que no –se rió Zoé. –Sólo te estaba vacilando. Respecto a la comida, no hay nada que no puedan comer, ni cubertería que les haga daño pues la plata no les afecta (pero mientras los Nobles piensen eso, mejor para ellos). Y por último, leyenda número seis: Los vampiros son inmortales. Esto es casi relativo: Son muy longevos y, si tienen una alimentación adecuada pueden llegar a vivir con buena salud durante más de doscientos años.

-Eso ya lo sabía –dijo Amadeo. –Trevor me dijo que tenía ya noventa y siete años… Menuda edad para seguir en activo.

-Eso sin contar a otros Matusalenes como el rey Mateo IV que llegó a vivir durante doscientos treinta y siete años o John I que vivió sin problemas hasta los doscientos cincuenta y nueve.

-¿Te has metido en la biblioteca desde que me marché? –preguntó Amadeo con sorna.

-No exactamente –dijo Zoé muy seria. –He estado estudiando un poco la historia de los utukku para ver si debía hacer algo… –Zoé calló y puso cara de preocupación.

-¿Qué pasa?

-Les he enseñado la fórmula de la pólvora.

-¿¡Qué…!? –intentó exclamar Amadeo para tranquilizarse de inmediato y preguntar más calmadamente: –¿Por qué has hecho eso? Sabes perfectamente lo que puede ocurrir si le dan un mal uso.

-Lo sé… lo sé. No sé si les estoy condenando a tener guerras durante el resto de su historia pero les hacía falta tener una ventaja sobre los Nobles… He estado leyendo toda clase de textos referidos a su pasado, he investigado, he hecho mis propias teorías y al final llegué a la conclusión de que necesitaban esta ayuda sabiendo que van a hacer buen uso de ella.

-¿Por qué?

-Cientos de veces lo he visto y cientos de veces siempre ha sido igual: Las guerras son cosa de elatos y dríadas. Los utukku luchan sólo porque son arrastrados a luchar, o lo que es lo mismo, no ha habido pueblo utukku alguno que haya empezado jamás una guerra pues es su colaboración con los elatos y dríadas lo que les permite seguir teniendo un suministro seguro de sangre con el que poder vivir. Los Nobles no aceptaban que eso de chupar la sangre fuera algo bueno, como en nuestro pasado, en el que se llegaron a condenar las transfusiones y los transplantes por antinaturales… Pero aquí, más que por antinaturales condenaban su alimentación porque les convenía.

-¿Qué quieres decir?

-Esto me llevará más tiempo explicártelo, así que tardaré un poco en entrar en detalles: ¿No te has preguntado por qué existe una raza tan extraña de seres humanos? ¿Por qué la evolución ha colocado en esta extraña posición a los utukku? Bien podría tratarse de que los utukku son una mutación realmente rara entre lo que es la raza humana pero por lo que llevo visto, en realidad están cumpliendo una función muy importante en el bienestar del resto de seres humanos: Los vacunan, vuelven invulnerables a gran cantidad de enfermedades a las personas a las que muerden.

-¿Eh? –dijo Amadeo algo extrañado.

-Sí, no me mires así que es eso es lo que hacen: Ellos son directamente inmunes a la gran mayoría de las enfermedades que existen en este mundo (a lo largo de su evolución han estado integrando toda clase de enfermedades en sus cuerpos al chupar sangre, lo cual hace que tengan un sistema inmunológico potentísimo) pero eso no los libra de que puedan llevar esas enfermedades dentro de sí, muy debilitadas eso sí. Al morder a otras personas pueden llegar a transmitir esas enfermedades por lo que los mordidos enferman al poco tiempo. Sin embargo, al transmitir la enfermedad tan debilitada, los enfermos se curan en muy corto plazo (por lo general) y después de eso, ya no vuelven a tener esa enfermedad durante el resto de sus vidas.

-Una buena ventaja… ya veo. Entonces, ¿por qué la Iglesia quiere quitar de en medio a los utukku?

-Por una epidemia que transmitieron los utukku. A ellos no les afectó la enfermedad pero los elatos empezaron a caer como moscas, al igual que muchos Nobles y algunas dríadas. Pasado un tiempo, la Iglesia acusó a los utukku de ser ellos el origen de todo ese mal.

-Todo falso, ¿no?

-No exactamente… Lo que decían los Nobles era, en gran parte, cierto: Los utukku extendieron esa enfermedad por culpa de su forma de alimentarse. Sin embargo, cuando leí sobre que fechas empezó la epidemia… me di cuenta de lo hipócritas que eran los Nobles: La epidemia empezó hace, año más año menos, doscientos cincuenta años justo cuando llegaron los Nobles a este mundo.

-Entonces…

-Los utukku extendieron la enfermedad pero fueron los Nobles quienes la trajeron desde su mundo a éste y, de hecho, empiezo a pensar que sabían perfectamente lo que hacían pues, para poder curarse de esa enfermedad, los afectados tenían que bautizarse. Por lo que algunos elatos me han contado, ese bautizo se hace con la típica concha, echando agua bendita sobre la cabeza pero los Nobles le han puesto un añadido: Dan de beber un vino de sabor muy extraño a los nuevos feligreses. Ese vino podría ser un antibiótico sencillo (¿quién sabe? A lo mejor es penicilina) mezclado con algún colorante que lo hiciera aparentar ser vino. ¡Et viola! Una vez bautizado la enfermedad desaparece por la gracia divina. Gracias a semejante actuación, al poco los Nobles pusieron a los elatos y a parte de la dríadas en contra de los utukku para así tener mayor control sobre este mundo… el mejor sistema para conseguir poder y que la sociedad esté contenta y en paz interna es precisamente éste: Tener un “enemigo”. Al crear un enemigo, todos estamos de acuerdo en que debe ser eliminado a cualquier precio por lo que aumenta la cohesión de la sociedad y hay relativa paz interna, como nuestros cristianos con los musulmanes o con los protestantes, exactamente igual.

-Por eso les conviene tener a los utukku de enemigos… ya veo. Menudos pájaros les han tocado aguantar.

-Por eso y tras investigar bastante más, llegué a la conclusión de que los que mejor uso podrían dar a la pólvora eran precisamente ellos… espero no estar equivocándome.

-¿Ya han hecho algún arma?

-No. De hecho aún están intentando encontrar la fórmula exacta (yo sólo les dije los ingredientes, no sus dosis) pero sí les he dicho como funcionan las diferentes armas de fuego que conozco así que en poco tiempo podrán tener esas armas a su disposición.

-¿Le has contado lo de tu teoría a la reina?

-Se la conté a Yaksa y ella se la dijo a Remiria. Me parece que la reina es sincera en que la van usar sólo hasta que acabe la guerra y que tras eso sellarán la fórmula para evitar problemas con los elatos.

-¿Estás segura? –preguntó él escépticamente.

-No, para nada. No tengo pruebas fiables de que le vayan a dar un buen uso en el futuro pero teniendo el carácter de los utukku en general, sé que no harán ninguna tontería.

-Ellos no empiezan ninguna guerra pero son los que más se rebelan, ¿a que sí?

-Me has quitado las palabras de la boca. Los utukku normalmente aman la paz por lo que harán lo posible para mantener la justicia en este mundo, incluso si eso significa iniciar una revuelta… De hecho, hay un refrán que dice “Utukku rebelde, algo va mal”.

-Sin embargo lo de tu cara…

-Te dije que no te preocuparas. Mientras ibas a buscar el agujero te lo debieron comentar más de una vez, ¿no? Ya sabes, lo que le pasó a Remiria para que acabara con ese rencor hacia los Nobles.

-Sí, algo…

-Entonces a callar –dijo Zoé muy seria. –Si quitamos lo de las palizas que me dio se puede afirmar que sí que es una buena persona, pues pocas personas he visto más humildes que ella por este Rat.

Dicho esto, Zoé no dijo nada más, ayudando a volver a Amadeo a su habitación.

-Éste es uno de nuestros mayores orgullos –anunció Trevor, –los fuelles de agua de Chalyben.

Amadeo se soltó un poco el cuello de la camisa al notar que el ambiente estaba mucho más cargado de lo normal allí por Chalyben. La humedad era enorme allí abajo por la gran cantidad de herrerías que había por la zona. Habían bajado hasta ahí para ver como forjaban de nuevo su espada.

-Con lo que llegaste a utilizar tu espada por poco no la tiramos –comentó Trevor.

-No me lo recuerdes… –dijo Amadeo recordando todo lo que tuvo que hacer.

-Tranquilízate –dijo el otro dándole una palmada en la cabeza. –Nadie te va a ordenar que vayas a luchar ahora que sabemos qué es lo que estás haciendo aquí. A mí me gusta matar tanto como a ti pero en mi caso, es un oficio. Un día de estos palmaré y todo habrá acabado pero hasta entonces, a disfrutar de la vida.

-No me recuerdes eso a mí –añadió Frondea algo preocupada a sus pies.

Amadeo se sintió algo intranquilo pero no manifestó nada así que se dirigió en silencio hacia la herrería en la que estaban forjando su arma, siendo recibidos de inmediato por Rig que los estaba esperando en la entrada.

-Buenas, joven aruco –saludó éste. –Llegáis a tiempo: Marcus ya ha empezado a reforjarla.

Entraron y se encontraron con un solo herrero cuidando del fuego. El lugar era bastante extraño: Más que una herrería parecía un expositor de fontanería en el que se podían ver gran cantidad de conducciones de agua que Marcus, el herrero, controlaba mediante unas palancas que accionaba con los pies. Con ellas abría o cerraba el paso del agua, la cual empujaba el aire con el que daba el oxígeno que necesitaba el fuego, dándole un aspecto candente.

-La ventilación del Rat y el Órgano de Agua funcionan igual –dijo Trevor al ver la cara de curiosidad de Amadeo. –Las corrientes subterráneas de toda la región de Arseal confluyen cerca de aquí por lo que no nos es demasiado difícil encontrar corrientes de agua.

-No, si agua ya veo que os sobra –dijo Amadeo abanicándose y secándose el sudor que lo estaba calando.

Marcus, tras darle aire al fuego durante un buen rato, soltó el pedal y sacó los hierros del fuego, llevándolos al yunque y empezando a golpearlos con fuerza pero con bastante precisión.

-Es la primera vez que ves esto, ¿no? –preguntó Trevor.

-He visto fotografías y leído cosas pero, sí, ésta es la primera vez que veo cómo se hace una espada.

-¿Foto qué?

-Preguntas a la lista –respondió Amadeo refiriéndose a Zoé. –¿Cuánto llevará hacer esto?

-¿La espada esta? –preguntó Marcus tras un rato de golpeo. –Probablemente acabe con ella para dentro de tres días.

-Me lo imaginaba… Me voy a la biblioteca que no quiero tres días dentro de esta sauna. Nos vemos.

-‘Ta luego –se despidió Frondea.

Amadeo marchó del lugar lo más rápido que pudo seguido por Goppler que trataba de seguir su paso. Tras una larga caminata por los enrevesados pasillos de Chalyben llegaron a la biblioteca situada dentro del castillo, encontrándose con Patch, el bibliotecario nada más entrar.

Esta zona del Rat era bastante grande en comparación con el resto de las estancias, siendo la zona más modificada de todo el Rat: Era una única estancia, no siendo una caverna dividida en diferentes estratos mediante terrazas sino mediante varios pisos de madera (cuatro en total) muy bien construidos que soportaban el peso de cientos y cientos de libros y de rollos pero era también la zona más oscura del Rat pues, aparte de unas escasas lámparas que señalaban el camino a seguir, no disponía de más iluminación que la que llevaba encima, todo para mantener la máxima seguridad posible en la zona. Pero lo que más le gustaba a Amadeo de ese lugar era la zona más baja de la biblioteca en la que se encontraba el Órgano de Agua, un órgano que, como los fuelles de agua de la herrería de Chalyben funcionaba mediante la corriente de aire generada por la corriente de agua que pasaba por las paredes del lugar.

-Buenas –saludó Amadeo siendo recibido con la típica frialdad de Patch que siguió con lo que estaba escribiendo.

Amadeo prefirió no molestarlo y siguió su camino entre las estanterías del lugar para intentar llegar hasta el órgano de agua, lugar en el que siempre estaba Zoé. Cuando llegó se encontró con Zoé leyendo con detenimiento un libraco enorme mientras Yaksa le chupaba un poco de sangre, tal como había visto hacer a gran cantidad de utukkus tanto a él como a otros elatos.

-Hola –saludó Amadeo por lo bajo mientras cogía un libro que había dejado a medio leer la última vez que estuvo allí. –¿Hoy tocarás otra vez?

-Quizá –respondió Zoé mientras se aplicaba un poco de cica en la herida que le había producido Yaksa. –Ya sabes que a Patch no le gusta demasiado la música que toco.

-Pero sigue siendo una música preciosa –dijo Yaksa. –¿Cómo decías que se llamaba la canción de ayer?

-Era uno de los nocturnos de Chopin. Lo tengo tan tocado y retocado que acabé por aprendérmelo de memoria… Cosas de mis padres, ya sabes. De todas maneras, la mayor parte de las canciones que sabía tocar ahora sólo sé tocarlas de oído y para eso necesito practicar mucho más con el órgano, cosa que molestará hasta lo indecible a Patch y, aún así, hay que recordar que esto es un órgano, no un piano por lo que la música que sale de aquí suena muy diferente a cómo debería sonar.

-Pero teniendo en cuenta el timbre que tiene este instrumento, poco importa –dijo Ku-Te. –Este órgano no suena como los de nuestro mundo. Lo que deberías intentar recordar ahora son los conciertos de Brandemburgo de Bach. Eso sí que sonaría bien aquí.

-No prometo nada pero lo intentaré –dijo Zoé. –Ahora, si me disculpáis, estoy intentando leer.

Amadeo, Yaksa y Goppler se retiraron en silencio dejando a Zoé tranquila.

-Aún me pregunto por qué sigue con el trabajo que le dio la reina al principio –dijo Yaksa nada más llegar a una mesa un poco más allá.

-No le gusta sentirse inútil e intenta hacer cosas prácticas, por tontas que parezcan. “Me gusta sentirme humilde” suele decir de vez en cuando. Además, ya me ha comentado que le gusta hacerte compañía y ayudarte en tus tareas.

-Eso ya lo he percibido. ¿Siempre ha sido así?

-Siempre, desde el primer día en que la vi. Le gusta ser currante como pocas sólo para sentirse algo diferente a sus padres… ¿Le pasa algo a Goppler? –preguntó Amadeo al ver que Yaksa no dejaba de mirar a su daimonion.

-¿Eh, qué? ¡Oh, perdona! Desde que vi a Frondea y tras escuchar todo lo que me contabais sobre vuestros doppelgänger… me ha entrado la ilusión de conocer al mío.

-Si tú ya lo conoces –dijo Amadeo con una sonrisa. –Lo único que pasa es que aún no lo has escuchado en serio.

-¿Cómo?

-Es algo difícil de explicar: Tanto yo, como Zoé como el resto de nuestros compañeros antes de conocernos teníamos ciertos problemas de sociabilidad, los cinco éramos unos solitarios y apenas nos hablábamos con nadie. Durante el tiempo en el que nos encontrábamos solos, nos dedicábamos a pensar y a hablar con nosotros mismos… o al menos eso pensaba hasta ahora. Ahora que teníamos tiempo, Zoé y yo lo hablamos con más seriedad y acabamos por concluir que ya conocíamos a nuestros daimonions desde hace mucho más tiempo del que hayamos imaginado. Digamos que, antes de conocer a Zoé, Anerues y a los demás, yo ya “entendía” a Goppler.

-No te sigo. ¿Quieres decir que mi doppelgänger está aquí hablándome?

-Exactamente –respondió Goppler. –Lo que dice Amadeo es cierto: Él no me oía, no me veía ni me sentía pero era capaz de comprender mi existencia. Yo no era más que una especie de interferencia dentro de su hilo de pensamiento, una interferencia que lo animaba cuando lo necesitaba, que gritaba a los estúpidos que le apaleaban tan solo por ser hijo de dos profesores, que lo consolaba cuando lloraba… No sería estúpido llegar a afirmar que yo apareciera en Oasis sólo porque él me estaba llamando. Puede ser que el miedo que él estaba sufriendo en ese momento fuese la razón de que yo tomara cuerpo.

-Algo así, sí –continuó Amadeo. –Que tu daimonion tenga o no cuerpo no es razón para pensar que no esté ahí. No sabes tú la cantidad de noches que pasé llorando solo en mi habitación mientras una extraña presencia se frotaba contra mi mejilla, tratando de animarme, o cuando llegué a campeón en esgrima, momento en el que noté como una parte de mí se alegraba mucho más que las demás… Sin duda era Goppler la que estaba ahí.

-Entonces, ¿cómo sería mi doppelgänger?

-Eso no lo sé, ni importa saberlo. ¿No te gusta sencillamente saber que está ahí? Que tenga cuerpo o no, no es lo importante. Saber que tienes un daimonion sí que lo es.

-Pero…

-Nada cambia una vez que tu daimonion tiene cuerpo o al menos eso es lo que dice Trevor cada vez que acaricia a Frondea. No puedo decirte cómo debes hacer para ver o sentir a tu daimonion, tan sólo puedo decirte que dentro de ti entiendes perfectamente a tu daimonion. Cuanto más trates de entenderlo, quizá lo escuches mejor. Tan sólo ten paciencia.

Yaksa pensó seriamente en lo que le había dicho Amadeo y al poco volvió con Zoé.

Esa misma tarde se armó un gran revuelo en el Rat y la noticia corrió como la pólvora, enterándose Amadeo y Zoé al poco: El rey Adrian había vuelto.

-Parece que ya está mucho mejor que cuando se marchó –dijo Yaksa que fue a ver al rey in situ. –Nada más verme me preguntó por vosotros pues ya había empezado a escuchar los rumores que andan por ahí sobre vuestras proezas y no veáis la cara que puso cuando se enteró por mis labios que Trevor había conseguido encontrar a su doppelgänger… antológica.

-Bueno, su gracia tendría –dijo Amadeo. –¿Te dijo lo que pensaba sobre el asunto?

-¿En medio del tumulto que lo estaba recibiendo? Ni de broma. Me dijo que os avisara que esta noche cenarais con él, que me encargara de daros ropas adecuadas.

Esa noche, tras una larga sesión de moda en la que tanto Zoé como Amadeo se estuvieron probando más y más ropajes de todo tipo y color a la moda del lugar, se dirigieron al banquete que se estaba celebrando en las salas centrales de la fortaleza del Rat.

Amadeo iba con una ropa muy sencilla (lo único que destacaba era su cinturón con una hebilla plateada) en comparación con la que llevaban otros muchos utukkus y elatos, los cuales llamaban la atención a más no poder con los colores chillones de su ropa (si había algo que molestara a Amadeo era precisamente llamar la atención).

Zoé iba ataviada con uno de los vestidos de la reina (regalo especial de ésta) de colores oscuros, muy elegante que casi hacía olvidar lo morada que estaba su cara (aunque ya le estaban desapareciendo las heridas).

Por su parte, Yaksa había sido invitada a comer en la mesa del rey por lo que también se puso sus mejores galas llevando un vestido muy parecido al que llevaba Zoé.

-¡Bienvenidos! –exclamó Adrian nada más ver llegar a los tres, los cuales se sentaron, Amadeo entre Remiria y Trevor, Zoé al lado de Adrian y Yaksa al lado de Zoé. –Desde que he vuelto no he parado de oír toda clase de cosas sobre vosotros: Lo de Frondea, lo del agujero al otro mundo, lo de… –Adrian dudó un poco antes de seguir, –Remiria. Ahora que he vuelto me gustaría conocer todas vuestras aventuras de vuestros labios.

-Lo mío prefiero que lo cuente la reina misma, si a ella no le importa claro –dijo Zoé centrándose en la comida.

-No hará falta –dijo Adrian echando una severa mirada a su esposa. –Me lo contó nada más encontrarnos hoy. En fin, si algo bueno tiene es que es muy sincera conmigo.

-Preferiríamos escuchar lo que aconteció para que Trevor se encontrara con su doppelgänger –dijo Remiria bajando la cabeza, evitando la mirada de Adrian.

-Para eso mejor no tener la boca llena –dijo Trevor.

-Muy de acuerdo –añadió Amadeo mientras asaltaba sus setas.

Tras una opípara cena en la que no faltaron las setas (ése era el alimento más básico de los habitantes del Rat, casi como si fuese su pan) y las carnes del lugar (principalmente de reptiles y peces que vivían en las profundidades), todos los invitados, estando los reyes, Zoé, Yaksa y los soldados que acompañaron a Trevor y Amadeo en el centro se situaron para escuchar toda la epopeya que habían tenido que pasar para llegar hasta donde estaban en ese momento.

Largo tiempo atrás…

Amadeo estaba tenso, y tenía razones para estarlo: Los soldados que le acompañaban no dejaban de mirarle mal y parecía que en cualquier momento se le iban a echar encima. Goppler se apoyaba en sus brazos estando expectante de lo que pasaba a espaldas de su persona, vigilando que nadie le atacara.

Trevor, siguiendo las indicaciones que le dio su rey, estaba guiando al grupo hacia el campo de batalla en el que éste había sido rescatado a buen paso, al cual llegaron al segundo día.

-¡Ahg! ¡Qué peste! –se quejó Trevor al llegar al claro. –Se nota que aquí pasó algo grande… ¿Cómo pasaría todo esto?

-¿Y aún lo preguntas? –dijo Rig mirando mal a Amadeo. –Aquí tenemos una verdadera fuente de información por lo que no hay que ir muy lejos para saber qué ha pasado exactamente.

-Rig, cállate –ordenó Trevor. –El rey tendrá sus razones para confiar en él así que deja ya de atacarlo.

-¡Por favor! ¡Sabes lo que es! ¡Un Noble! ¡Y sabes perfectamente cómo son todos!

-Piensa lo que quieras pero hasta que no te lo indique, no le ataques –dicho lo cual se dirigió a Amadeo. –Muy bien, es a partir de aquí donde empiezas a guiarnos. ¿Por dónde?

Tras mirar detenidamente todas las rutas posibles, Amadeo recordó cual era el camino y describió cómo era el lugar que estaban buscando.

-Una zona muy espesa desde la que se podía ver una montaña negra al lado de tres grises… –comentó Trevor. –Conozco el lugar, aunque ya hace mucho que no paso por allí.

-¿Qué le pasa al lugar? –preguntó Rig.

-Es una fosa común. Tras la primera gran peste ese lugar se convirtió en una de las primeras tumbas del mundo. Se plantaron muchos árboles para que fuese de difícil acceso y así evitar que se extendiera aún más la enfermedad… Casi nadie suele pasar por allí por lo que es un muy buen lugar para ocultar cualquier cosa.

-¿Y qué es lo que estamos buscando? No nos has dicho nada desde que marchamos.

-Ya se verá. Hasta entonces paciencia y buen paso.

·

·

·

-Nos pasamos más de tres días andando medio en círculos por un par de equivocaciones mías –dijo Amadeo. –Pero tras ese tiempo logramos encontrar el lugar: El agujero al otro mundo.

-Yo casi me caigo de espanto al ver esa… cosa –comento Trevor. –Una cosa era lo que me había dicho su majestad acerca de lo que le dijo Amadeo pero eso… No sabía que en el universo existieran cosas así. Pero al menos, así Amadeo ganó algo de credibilidad en el grupo.

-Sí, ya estaba harto de que escupieran por la espalda –dijo mirando a Rig.

-Lo siento –se disculpó este bajando la cabeza.

-Aún recuerdo la cara de espanto que puso Antón –se rió Trevor. –“¡Es la entrada al Infierno!” gritó antes de que Amadeo le tapara la boca. Según éste había un montón de soldados apostados tras el agujero armados hasta los dientes con unas armas de lo más extrañas para nosotros. Yo no le creí demasiado por lo que decidí ir a echar un vistazo al otro lado para lo que él se ofreció como voluntario y guía para acompañarme, así que, para variar, me fié de él. Así pues pasamos y llegamos a otro mundo… y yo por poco me caigo de culo al ver lo que se veía en el horizonte: Un agujero como el que acababa de atravesar pero de tal tamaño que hasta tapaba el cielo, mostrando otro tras él. Tras recuperarme del susto y ver que por allí no estaban los soldados que mencionó Amadeo, ordené a mis compañeros que se ocultaran en un lugar cercano y que esperaran a mi llamada para volver a acercarse al agujero mientras yo me iba a explorar ese extraño mundo.

-Estuvimos viajando más de dos días a pie hasta llegar a Lockville, el último pueblo en el que estuve antes de llegar a este mundo y, hasta entonces, me estuvo preocupando el hecho de que Trevor llamara la atención al no tener daimonion visible (o doppelgänger, como prefiráis llamarlo)…

·

·

·

-¿Todo este mundo es así? –se quejó Trevor al ver que no llegaban a ninguna parte por el camino embarrado que estaban tomando. –Se nos están acabando las provisiones y este clima no hay quien lo soporte. Yo estoy acostumbrado pero de todas maneras…

-Paciencia, ya falta poco –respondió Amadeo. “Creo” pensó.

Trevor se volvió a tragar sus quejas pero no dejó de mostrar mala cara. Tras más de cuatro horas de caminata tras despertar esa mañana, por fin lograron avistar la aldea de Lockville.

-¡Por fin un lugar habitado! –exclamó Trevor contento nada más verlo, cambiando de inmediato su cara por otra de preocupación. –¿No habrá muchos Nobles por allí?

-Me parece que no has entendido lo que te he estado mencionando durante todo el camino: “Todas” las personas que nos encontraremos allí son Nobles, de la primera a la última, así que… ¿qué hacemos? Tú llamarás demasiado la atención al no tener daimonion.

-Me podrías prestar el tuyo.

-¡Habló el listo! –exclamó Amadeo. –Un daimonion no es algo que se pueda prestar.

-Venga, sólo será un momento –dijo cogiendo a Goppler, recibiendo un mordisco y un puñetazo de inmediato.

-¡Ni se te vuelva a ocurrir hacer eso! –gritó Amadeo claramente incómodo y furioso por lo que acababa de sentir por todo su cuerpo, dejando a Goppler en el suelo mientras alejaba a Trevor violentamente.

-¿¡Pero qué te pasa!? –exclamó el utukku mientras se tapaba el desgarrón de su mano. –¡Sólo es un animalejo!

Amadeo golpeó a Trevor, derribándolo esta vez.

-Ni se te ocurra volver a insultarla –advirtió aún más enfurecido que antes.

-¡No te me pongas chulo ahora que estamos en tu mundo! –dijo Trevor mientras se levantaba. –Ahora sólo me golpeas porque estoy a tu merced.

-Si tuvieras un daimonion entenderías que no es sólo un animal –dijo mientras llamaba a Goppler con una mano, tras lo cual ésta se subió a su espalda. –Tú naces con tu daimonion y éste te acompaña durante el resto de tu vida, lo veas o no. Yo no te ataco porque me sienta superior a ti, te golpeo porque no pienso permitirte tocar a esta parte de mi.

·

·

·

-No le entendí demasiado esa vez –dijo Trevor. –Durante el tiempo que estuve luchando por la reconquista de Tricápita entendí que los Nobles apreciaban casi hasta el exceso a sus doppelgänger, lo cual yo usaba en mi provecho para vencerles fácilmente… Cuán estúpido y cruel me siento ahora que entiendo lo que es un doppelgänger…

-¿Pero cómo lo conseguiste? –preguntó Remiria con curiosidad.

-Porque lo llamé.

-¿Eh? Entonces…

-Yo, en ese momento no creía demasiado en lo que me había dicho Amadeo, en eso de que yo también tenía doppelgänger, sin embargo, es innegable que durante toda mi vida ha estado cerca de mí… ¿Cómo explicarlo? Yo soy explorador y mensajero, siempre me ha gustado viajar y, dado que mi oficio era de índole militar, siempre tenía que hacerlo solo. En estos tiempos no es el trabajo más seguro que te puedas agenciar: No tengo suficientes dedos como para decir cuantas veces me han asaltado y han estado a punto de matarme al intentar llegar a alguna ciudad o cuando trataba de entregar una información importante o cuando trataba de espiar y observar los movimientos del enemigo. Siempre estás en tensión, sintiendo una horripilante sensación de presión, temblando sin temblar para no cansarte, gritando sin gritar para que no te escuchen, casi sin respirar porque piensas que no tienes tiempo para eso… casi deseando que te maten en ese preciso instante. Y digo “casi” porque había “algo” que me sujetaba fuertemente a este mundo: Frondea. Yo no la veía, no la oía, no la escuchaba, no la sentía… pero sabía que estaba ahí o como suele decir Amadeo, “comprendía su existencia”. Siempre la sentí ahí pero nunca habría pensado que ella fuera mi doppelgänger.

-Dices que la llamaste. ¿Qué quieres decir con eso?

-Hizo algo parecido a lo que hicimos Zoé y yo cuando llegamos a ese mundo –continuó Amadeo: –Tener miedo y sentirse solo y desamparado. No sé si Anerues ya lo sabía de antemano o si lo hizo inocentemente, pero el caso es que cuando llegamos al pueblo de Oasis, la primera zona habitada que encontramos, nos indicó que nos separáramos. Estoy casi seguro que, de no haber sido por eso, jamás nos habríamos encontrado con nuestros daimonions pues gracias a que nos sentíamos solos, sentimos miedo y gritamos a nuestro interior pidiendo una ayuda, una compañía, alguien que nos ayudara a superar el sufrimiento que estábamos padeciendo. Y justo en ese momento, aparecieron nuestros daimonions, no sé cómo pero ahí estaban.

-Yo por poco no atravieso una pared al ver a Ku-Te –se rió Zoé. –Fue algo tan repentino que no supe hacer otra cosa más que correr.

-Yo me lo tomé con más calma –dijo Amadeo. –Por alguna extraña razón, cuando vi a esta pequeña glotona, sabía que ya la conocía, no sabía de qué pero sabía que podía confiar en ella. Le indiqué con calma que se me acercara y se me acercó, le dije que se subiera a mí y se subió, la saludé y ella me devolvió el saludo.

-Y entonces me tiró al suelo del susto –se rió Goppler. –Confiaba en mí pero ni en el más loco de sus sueños se habría podido imaginar que era capaz de hablar.

-Mi caso fue más parecido al de Zoé –dijo Trevor.

-Por lo que tengo oído de lo que le sucedió a ella, creo que fue mucho peor –dijo Amadeo con sorna.

·

·

·

Después de la pelea, Amadeo y Trevor acordaron no ir al pueblo hasta que la actividad del pueblo no se detuviera un poco, tiempo durante el cual se caracterizaron para no llamar la atención quitándose sus armaduras y ocultándolas lo mejor posible entre las telas de sus fardos, sufriendo sus armas un tratamiento similar. Tras esperar unas horas vieron que la gran mayoría de la gente se había retirado a almorzar, aprovecharon para entrar en el pueblo y dirigirse de inmediato a la casa en la que se estaba hospedando la señora Rospetin.

Mientras caminaban por la calle principal de Lockville, Trevor no era capaz de mantenerse tranquilo al ver como todos los habitantes de ese pueblo tenían daimonion, como si pensara que lo iban a linchar en ese momento… No importaba cuanto intentara disimularlo, estaba aterrorizado.

-¿Amadeo? –escuchó éste tras un rato de paseo. –¡Demonios, has vuelto!

Amadeo se giró hacia la que hablaba y se encontró con la señora Rospetin llevando a un niño de unos tres años de la mano.

-¿Qué es lo que te trae por aquí? –preguntó ella.

-¿Podemos hablar en un lugar menos concurrido? –preguntó Amadeo cogiendo a Trevor del brazo.

-¿Quién es ése? –preguntó Shuu al ver al anciano, asustándose este ante las palabras del daimonion.

-Pregúntale eso más tarde –dijo la señora Rospetin guiando a los dos hasta una casa cercana. –Tienen todo el aspecto de tener frío y hambre.

Amadeo la siguió pero al poco se dio cuenta de que Trevor se estaba retrasando, probablemente por la presión que estaba sintiendo.

-Vamos –le indicó Amadeo con su tono más tranquilizador. –Aquí nadie te hará nada si no haces nada raro.

-Pero es que… –empezó a quejarse, –aquí todos… ¡me van a matar!

-Que no te preocupes. Mientras esté yo aquí haré todo lo posible para que nadie te haga daño.

-No hay nada que temer –dijo Goppler.

-Confía en ellos –dijo una comadreja desde su hombro.

Y cuando oyó a esta última, Trevor chilló de terror, tirando al animal de su hombro, llamando la atención de medio pueblo.

-¿Qué pasa? –preguntó la señora Rospetin saliendo de inmediato de la casa tras dejar al niño al lado de la cocina.

Trevor estaba corriendo en círculos, tratando de escapar de esa comadreja parlante que Dios sabría de dónde habría salido mientras chillaba a todo pulmón. Amadeo, algo asustado de lo que estaba pasando pensó en algo rápidamente y dijo lo primero que se le ocurrió:

-¡Venga, abuelo! ¡No pasa nada, no pasa nada! Ustedes no se preocupen –dijo Amadeo a los curiosos que se les habían acercado. –Es mi abuelo, que está un poco senil.

-¿¡Pero qué dices!? –exclamó Trevor acercándose a él enfadado.

-¡Sígueme el juego! –susurró Amadeo con mezcla de furia y preocupación, llevándole hacia la casa. –Eres tú el que tiene miedo a morir, ¿recuerdas? –y dirigiéndose a Goppler: –¿Podrías recoger a su compañera? Así no vamos a ninguna parte.

Goppler hizo lo que le indicó su persona y al poco entraron en la casa de la señora Rospetin.

-¿Pero qué le pasa, buen hombre? –preguntó ésta, empezando a preparar un poco de té al utukku. –En mi vida he visto semejante reacción.

-Pues yo sí –dijo Amadeo. –Es la reacción de alguien que ve a su daimonion por primera vez.

-Da… ¿un doppelgänger? –farfulló Trevor. –¿¡Me estás diciendo que esto es mi doppelgänger!?

-¡Eh! ¡Un respeto! –se quejó la comadreja.

-¿Otro que viene de tu mundo, pues? –preguntó la señora Rospetin. –¿No decíais que podríais morir si os quedabais demasiado tiempo en este mundo?

-¿¡Cómo!? –exclamó Trevor espantado. –¡No me avisaste de que esto podía matarme! –le gritó a Amadeo. –¡Yo me voy! –dijo mientras salía por la puerta a toda prisa, dejándose la comadreja atrás y cayéndose de dolor al poco rato de salir.

Amadeo, con su sacrosanta paciencia, recogió a Trevor, que se llevaba la mano al pecho de dolor, y lo trajo de nuevo al interior de la casa, sentándolo en su silla. Nada más estuvo apoyado, la comadreja se subió a sus piernas y se quedó mirándolo.

Y entonces, de improviso y quizá por instinto, Trevor la acarició… sin miedo, sin rechazarla en absoluto…

-¿Qué eres tú, que me haces sentirme así de bien cuando estoy contigo y que me haces sufrir cuando me alejo de ti? –le preguntó Trevor.

-Yo soy parte de ti –dijo la comadreja alegremente. –Nunca antes me había separado tanto de ti pero ahora puedes verme.

-Pequeña Frondea… –dijo Trevor afablemente.

·

·

·

-¿Le distes tú el nombre? –preguntó Yaksa con curiosidad.

-No sabría decirlo –respondió Trevor. –Era casi como si ya supiera que ése era su nombre, como si ya llevara siglos conmigo…

-Pues en camino estoy de estar un siglo contigo –dijo alegremente Frondea.

-La cuestión está en que ya entendía lo que era ella, este ser…

-Tras esto –continuó Amadeo –y hablar un poco con la señora Rospetin sobre quién era yo dejamos el pueblo de vuelta a este mundo. Y cuando llegamos… nos dimos cuenta de que a nuestros compañeros los habían asaltado.

-Cuando cruzamos de nuevo el agujero yo llamé a mis compañeros pero en su lugar aparecieron un montón de soldados de la Orden de la Espada Cruzada.

-¡De no haber sido por nuestros daimonions no lo contamos! –exclamó Amadeo.

-Aún así nos costó ocultar tu marca.

-¿Y cómo lograsteis convencerles de que no erais espías? –preguntó Yaksa. –Es decir, se supone que en ese mundo estaba prohibido saber de la existencia de ese agujero.

-Eso fue porque hablé yo –respondió Amadeo. –Con toda la sangre fría que pude acumular, recordé todo lo que les dijo Anerues a los soldados que nos encontramos por primera vez (algo entendí de lo que había dicho la primera vez) y les dije todo lo que podía saber.

-Al ser Nobles –dijo Trevor, –al menos en apariencia, se fiaron de nuestra palabra y nos llevaron con ellos hasta el pueblo de Namaste, situado a un par de leguas de distancia del agujero.

·

·

·

-Mantente de pie, chico –dijo Trevor al ver el cansino paso de su compañero. –Ya falta poco y cuando lleguemos podrás dormir todo lo que quieras.

Amadeo sostenía como podía a Goppler mientras avanzaban con paso rápido por medio de ese bosque. Su escolta iba al frente medio ignorándolos medio temiéndolos, creyendo en lo que aparentaban ser.

-Ya hemos llegado, señores noris –dijo el jefe de la tropa señalando un pueblo al filo del bosque aunque más que pueblo eso era una auténtica ciudad amurallada, eso sí, rodeada de suburbios. –Podrán alojarse en el cuartel hasta que el mensajero vuelva y podamos informar de su situación.

-Muchas gracias, joven –dijo Trevor aparentemente tranquilo. –De momento sólo necesitamos dormir.

Pasados un par de minutos, llegaron a los suburbios y a su paso empezaron a salir gran cantidad de pobres que intentaban tocar a los dos “noris” (así llamaban a los Nobles los que no eran utukkus), esperando que eso solucionara sus problemas. Sin embargo, su escolta no les permitió acercarse a más de medio metro de ellos, blandiendo sus picas alejando a toda persona que se les acercara. Enseguida llegaron ante la puerta de la ciudad y entraron rápidamente para evitar el tumulto que se estaba formando.

-¿Pero qué les pasa? –preguntó Amadeo a Trevor en un susurro.

-Creen que los Nobles pueden hacer milagros –respondió éste. –Al ser los que han traído la religión de la Autoridad a este mundo, piensan que son como mensajeros divinos.

La ciudad era un complejo entramado de callejas, nada que ver con las ciudades que conocía Amadeo: Estrechas, oscuras, frías, olorosas, insalubres… nada que ver con la frescura del Rat Chalyben. Sus pasos les llevaron hasta un edificio situado casi en el centro de la ciudad, un cuartel en el que se notaba gran actividad con gran cantidad de soldados entrando y saliendo todo el rato.

-Señores noris, ya hemos llegado –dijo el soldado que les guiaba, tras entrar y subir a los pisos superiores del cuartel, presentándoles una habitación. –Descansen aquí y, si esperan, en muy poco tiempo les traeremos algo de comer.

Los recién llegados despidieron al soldado y se sentaron en sus camas, muy confortables para el lugar en el que estaban, echándose Amadeo bastante cansado.

-Llevo más de setenta años en esto de la exploración –dijo Trevor mientras se ponía cómodo –pero ¡jamás se me habría pasado por la cabeza que podría llegar a entrar en Namaste con todos los honores de un Noble!

Amadeo lo ignoró para dormir mientras pudiera. Los últimos seis días se los había pasado andando de la mañana a la noche y tenía los pies pulverizados por lo que se durmió casi al instante abandonándose a su colchón.

Varias horas más tarde, un aroma delicioso lo despertó y le hizo levantarse: Una bandeja con diferentes viandas estaba en la mesita que estaba al lado de su cama.

-¡Ah! ¡Ya despiertas! –exclamó Trevor. –Sírvete, que está bueno.

Amadeo hizo lo indicado pero al momento se acordó algo que su cansancio le impidió recordar:

-¿Qué ha pasado con los demás de la expedición?

Trevor frunció el ceño entre preocupado y enfadado y dejó comer a su pequeña Frondea.

-Siete de los que nos acompañaban murieron en el asalto en el que fueron capturados –dijo con pesadez. –Los otros trece están en el calabozo de este cuartel siendo torturados para conocer detalles sobre el Rat Chalyben… A los elatos les están dando latigazos y a los utukku les han cortado el suministro de sangre… –dijo con cara de espanto y terror absoluto. Amadeo no conocería demasiado a los utukku pero sabía que si había algo que los aterrorizara de verdad era precisamente la mhenasaura.

-¿Cuánto podrán aguantar sin sangre? –preguntó Amadeo muy serio.

-No creo que aguanten más de una semana más…

-Di mejor tres días –dijo Frondea tan seria como su persona interrumpiendo su comida. –Les han separado y puede que al final acaben por atacarse entre sí.

-¿Pueden hacer eso? –preguntó Amadeo con sorpresa.

-Tú nunca has visto a un utukku desesperado por la mhenasaura… Aún recuerdo cuando salvé a la familia real de Chalyben hace más de treinta años: De los quince miembros que fueron capturados y torturados sólo se salvaron dos: La entonces infanta Remiria y su hermana Frandol y aún así acabaron mal…

-Pues algo tendremos que hacer –dijo Amadeo con decisión.

-¿Tendremos? ¿De qué vas, novatillo? Esto no es un cantar de gesta en el que puedas cargarte a cien personas de un espadazo, esto es la realidad y tendremos suerte si conseguimos escapar nosotros dos de este lugar.

-No he dicho que vayamos a hacerlo ahora mismo. Aprovechémonos de que somos “Nobles” para vigilar y conocer el lugar. Mientras aún estén confundidos por nuestra llegada podremos acumular la información suficiente como para organizar un plan de fuga.

·

·

·

-Y así lo hicimos –dijo Trevor. –Primero fuimos a visitar a nuestros compañeros al calabozo…

-Al verme a mí por poco me matan –dijo Amadeo –pero al hablarles Trevor se tranquilizaron un poco. Cuando los guardas nos dejaron tranquilos, les di un poco de mi sangre para tranquilizar su sentimiento de angustia.

-Tras eso empezamos a investigar los turnos de guardia, rutas de escape de la ciudad, formas de pasar inadvertidos, tuvimos que ingeniárnoslas para pasar sangre de vaca al calabozo y mantener bien alimentados a los chicos…

-Así, tras cinco días de intensa vigilancia, iniciamos nuestro plan: Provocamos un incendio en el ala oeste del cuartel para mantener ocupados a los soldados mientras atacábamos el calabozo.

-¡Y menuda manera de atacar! –exclamó Trevor. –Éste parece haber nacido con la espada en la mano. Los guardas ni se dieron cuenta de quien les estaba atacando cuando ya estaban muertos.

-Tras eso, liberamos al grupo, disfrazamos a los que pudimos con los uniformes que pudimos encontrar, dejando a algunos como prisioneros a trasladar al cuartel externo de Namaste, eso sí, dándoles armas para defenderse si llegaba a darse el caso.

-Salimos a toda prisa del edificio mientras todo el mundo trataba de sofocar las llamas que se estaban extendiendo de mala manera por el edificio, seguimos el camino más corto que encontramos para salir de la ciudad y, tras tomar las puertas, lo más discretamente posible, las abrimos y salimos fuera de Namaste a toda prisa.

-Pero claro, no todo iba a ser perfecto: El incendio se extendió mucho más de lo que habíamos pensado por lo que se empezó a evacuar el edificio. Cuando encontraron a los soldados muertos en el calabozo se dio la voz de alarma y empezaron a perseguirnos. Yo pensaba que, por más que pudieran perseguirnos, una vez que estuviéramos en el bosque dejarían toda idea de correr tras nosotros… Sin embargo, jamás pensé que llegaran a tener dríadas de su parte.

-¿Dríadas? –preguntó Adrian. –¿En Namaste? ¿No viven más a oriente?

-La verdad es que sí –respondió Trevor –pero éstas no eran unas dríadas cualquiera: Eran las damas Uhlon, comandadas por Meira “la roja”.

Entre el público se escuchó un murmullo generalizado pues todo el mundo había oído hablar de esas mujeres.

-Nunca pensé que tendría que enfrentarme con brujas cuando fueron ellas las que me ayudaron hace ya tanto tiempo –dijo Amadeo –pero al poco nos encontramos con un grupo de cuatro mujeres voladoras intentando darnos caza.

-Ese día murieron Gats, Rock y Ben siendo estos acuchillados sin piedad por esas malditas arpías –dijo Trevor apesadumbrado –pero Amadeo volvió a salvarnos el día.

-No creo…

-¿¡Que no crees!? ¡Demonios! ¡Fuiste capaz de vencer a Meira y eso nadie en este mundo es capaz de decir que lo haya hecho!

-Pero…

-¡Nada de peros! Esa dríada ya lleva más de quinientos años por el mundo y nadie ha sido capaz de vencerla en todo ese tiempo… hasta ahora. ¿Os lo podéis imaginar? Él con su ropera, enfrentándose a esa pelirroja montada en su rama de ciprés con su espada bastarda, primero atacándole ella, derribándola él con un movimiento magistral de espada cortándole la rama en dos, enfrentándose luego cara a cara, primero atacando él con una estocada que fue parada por ella llevando la mano de Amadeo a la derecha dando ella un puñetazo que él paró con su mano izquierda acercándose los dos el uno a la otra de una manera terrible y entonces… –Trevor se interrumpió pues apenas era capaz de seguir por la risa que le estaba dando lo que estaba contando –¡le escupió en los ojos! ¡Jamás habría pensado que semejante estrategia daría resultado pero fue efectiva hasta el final!: Tras escupirle, ella cerró los ojos confundida y apartó la cabeza, dando un pequeño traspiés cosa que él aprovechó para confundirla más e inutilizarla dándole un mordisco en la nariz, cosa que hizo que ella lanzara un golpe a ciegas mientras lloraba del dolor que le provocó semejante ataque, movimiento que volvió a aprovechar Amadeo agarrándole el brazo y dándole un volteo terrible… Tan enano como es…

-¡Eh! –se quejó Amadeo dándole un golpe.

-Bueno, ya se me entiende –dijo Trevor llevándose una mano al brazo donde le había golpeado Amadeo. –Consiguió levantar a una mujer que casi le sacaba una cabeza de altura, girarla en el aire y darle un espectacular golpe contra el suelo que, según parece, le dislocó el brazo por el que le estaba agarrando Amadeo, dejándola en el sitio. Gracias a eso, distrajimos al resto de dríadas que en nada fueron derribadas por los nuestros por lo que pudimos seguir con nuestra fuga a toda prisa. Y el resto ya es historia: Estuvimos corriendo durante días intentando despistar a nuestros perseguidores, llegamos a Chalyben, siendo tres menos aún y, gracias a la buena vista de esta señorita –dijo señalando a Zoé –conseguimos sobrevivir.

-No sólo iba a descansar a la atalaya –dijo ella con modestia. –Cuando vi movimiento en el bosque, probablemente algo desesperada porque Amadeo no aparecía, me lancé de cabeza a ayudaros sin pensar que pudierais ser enemigos…

-Ya, y para eso te llevaste una alabarda –comentó Amadeo con sorna.

-Porque yo la obligué –la defendió Ku-Te. –Ella estaría desesperada pero yo aún seguía siendo lo suficientemente prudente como para que no cometiera tonterías. Tras matar a vuestros perseguidores y con alguna ayuda de los lugareños, consiguieron meteros dentro del Rat y, por fin conseguisteis descansar un poco.

La sala se quedó en silencio, en un intenso silencio como si nadie acertara a saber que decir en ese momento hasta que alguien en el fondo de la sala gritó:

-¡Bravo!

Un capítulo tranquilo con una historia épica. Es esta clase de historias en las que los héroes descansan las que realmente me gusta leer y escribir (NdD: Ya se comentó en Parásito). Será que me encanta dormir…

Deje un comentario